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jueves, 3 de mayo de 2018

Las desconocidas redes del fiscal jefe del caso Luchsinger- Mackay




Alberto Chiffelle Márquez mueve los hilos de la Fiscalía de La Araucanía. Lo consideran el “persecutor líder” por su trayectoria en la Fiscalía de Temuco y, por lo mismo, lo han designado en casos clave relacionados al conflicto mapuche, como lo fue Poluco - Pidenco, en 2004, y en el caso Luchsinger - Mackay desde 2013. A una semana de que se dicte sentencia en este último caso, aquí se detallan las redes del abogado.

Natalia Figueroa- Sábado 28 de abril 2018 11:23 hrs.

Se dice que el fiscal Alberto Chiffelle era el sucesor natural de Francisco Ljubetic para dirigir la Fiscalía Regional de La Araucanía, cuando este finalizó su periodo en 2013. No sólo habría tenido más méritos que Cristián Paredes, actual fiscal regional, sino también más redes y líneas de comunicación directa con los altos mandos de la región. Para entonces y con trece años de experiencia, ya había hecho carrera en esa entidad. 

Sin embargo, Chiffelle prefirió mantener su cargo de fiscal jefe de Temuco, luego de que el fiscal Sergio Moya fuera trasladado a Rancagua en 2010, y no asumir un puesto superior pero acotado a ocho años. De todas maneras, es considerado “el fiscal líder” y Paredes no sería más que una “pantalla”. Es de suponer que en todos estos asuntos se deje poco espacio para el azar y que las designaciones asuman un carácter estratégico.

Desde que se inició la investigación que busca esclarecer la muerte de los parceleros Werner Luchsinger y Vivian Mackay, ocurrida en 2013, la Fiscalía ha mantenido prácticamente con exclusividad a Chiffelle en este caso. Es el persecutor que ha liderado las indagatorias junto a la Fiscalía de Alta Complejidad de La Araucanía. Pero eso también ha sido una manera de protegerlo, de no exponerlo más de la cuenta. Así lo aseguró un ex funcionario de ese círculo que conoció por más de diez años el trabajo del fiscal y que aclara que el segundo juicio de este caso reveló graves deficiencias en la investigación, lo que quedó constatado en el fallo del Tribunal Oral en Lo Penal (TOP) de Temuco, de octubre de 2017, que no estimó la existencia de pruebas suficientes para dictar una condena en contra de los once mapuches acusados. Fue un golpe bajo para el equipo de la Fiscalía que decía “tener ganado” ese juicio.

Y aunque desde el 26 de febrero pasado, Chiffelle ha estado concentrado en el tercer proceso de juicio oral del caso – que se reinició por orden de la Corte Suprema- siempre se ha caracterizado por manejar detalles de la mayoría de las causas de la región. ¿Alguna preferencia? “Claro, su acento ha estado puesto en los casos mapuches. Él llamaba directamente a las fiscalías de Collipulli, Angol, Traiguén. 

A veces, pedía bajarle el perfil a ciertos casos o instruía sobre las medidas cautelares que había que solicitar. Cuando se hacían las capacitaciones comunicacionales sobre cómo referirse a estos temas en la prensa, por ejemplo, la sugerencia era no hablar de “conflicto mapuche”, pero por mucho tiempo las carpetas investigativas estaban marcadas con un “CM”, y esas de seguro pasaban por manos del fiscal Chiffelle”, reveló el profesional.

El miércoles pasado se iniciaron los alegatos de clausura del caso Luchsinger- Mackay y el próximo sábado 5 de mayo el Tribunal dictaría sentencia contra los once mapuches acusados en el caso. Un caso en el que no se puede desconocer el peso que ha tenido Alberto Chiffelle.

           Desde el narcotráfico al conflicto mapuche

El salto de Alberto Chiffelle desde la Universidad de Concepción al Ministerio Público fue bastante breve. Tres años después de titularse de esa casa de estudios ya formaba parte del equipo de la Fiscalía de La Araucanía como persecutor adjunto. Transcurría el 2000 y entonces Esmirna Vidal Moraga, hoy notaria en Temuco, estaba al mando de la Fiscalía regional.

Los primeros años de trabajo del persecutor coincidieron con el arranque de la Reforma Procesal Penal, que tuvo como puntapié inicial esa región y Coquimbo. En principio Chiffelle estuvo ligado a casos de narcotráfico y a la persecución de crimen organizado, área en la que se especializó junto a otros diez fiscales del país.

Uno de los episodios que lo tuvo bastante complicado fue el llamado “caso Morrison”, ocurrido en 2007. Aquí los dardos del fiscal apuntaron a Paul Morrison Cristi, empresario e hijo de la ex diputada de la Unión Demócrata Independiente (UDI) por la Reina y Peñalolén, María Angélica Cristi. El persecutor presentó una acusación por microtráfico de drogas en contra de Morrison y pidió una pena de 600 días de presidio y el pago de una multa de alrededor de un millón de pesos. Mientras que la defensa de Morrison, el abogado Jorge Bofill, insistía en que se trataba de un “montaje policial”. Era un terreno difícil para el fiscal sobre todo porque históricamente en La Araucanía la derecha ha tenido un nicho de poder consolidado, lo que se ha visto reflejado en la elección de sus representantes – incluso por sobre el promedio nacional – durante las últimas elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales. Un ejemplo de esto último es que el presidente Sebastián Piñera ganó con más de un 62 por ciento de aprobación las elecciones de 2017 en ambas provincias de la región, Cautín y Malleco.

Varios medios que cubrieron el hecho en esa época hicieron referencia a la irrestricta presencia de su madre en las audiencias. Hay que resaltar que Cristi es una reconocida defensora del legado del dictador Augusto Pinochet quien la nombró alcaldesa de Peñalolén en 1984. “¿Qué sabe el señor fiscal si no estuvo presente esa noche. Yo sí estuve por eso estoy convencida de su inocencia”, declaró en calidad de testigo la ex parlamentaria, aludiendo a su inusual participación – según aclaró- a una fiesta electrónica que produjo su hijo en Pucón. “El cerebro de las fiestas electrónicas”, como daba a conocer la prensa local a Morrison, fue llevado dos veces a juicio por Chiffelle y en ambas oportunidades fue absuelto por los tribunales que estimaron insuficientes las pruebas presentadas por la Fiscalía para condenarlo.Precisamente lo que más se le reprochó a Chiffelle en ese caso fue que no llegara al “sitio del suceso”.

Pero unos años antes de este amargo capítulo, Chiffelle ya había asumido sus primeras causas mapuches. Una de las más bulladas y que marcó un precedente en materia de derechos humanos fue el caso Poluco Pidenco, en 2004. 

Este fue el primer caso en que se condenó a mapuches bajo la Ley Antiterrorista por el incendio de un fundo de propiedad de la Forestal Mininco – filial de CMPC del grupo Matte- y también el primero de este tipo en llegar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En 2013, el tribunal internacional falló en contra del estado chileno por faltas al debido proceso, uso indiscriminado de testigos protegidos y discriminación étnica. Con esto, se sentó un hito jurídico. Pero a pesar de esas irregularidades, el caso también marcó un antes y un después para Chiffelle que fue tomando cada vez más protagonismo en este tipo de investigaciones.

En general, al persecutor se le conoce por ser un hombre de carácter duro y, según recordó la misma fuente antes señalada, los propios gendarmes sabían que para los interrogatorios, fueran o no mapuches, lo designaban especialmente por su entrenamiento en el FBI. 

Fue lo que ocurrió con José Peralino Huinca, el supuesto delator compensado en el caso Luchsinger- Mackay. 

El joven de 31 años aseguró que la primera declaración que prestó – donde involucró a los mapuches hoy acusados- fue gatillada por las presiones de la Policía de Investigaciones (PDI) donde estuvieron presentes los fiscales Chiffelle y Luis Arroyo. 
De esa declaración no se dejó registro de ningún tipo.

Pero nada de esto último ha sido motivo para empañar su carrera, al contrario, siempre ha obtenido la máxima evaluación de sus superiores. Su desempeño fue destacado por la Mesa Interregional sobre Violencia Rural, instancia creada en 2016 por la Fiscalía Nacional, donde obtuvo nota 7.0 por su trabajo al igual que el fiscal Arroyo. Aunque las notas de otros persecutores de la macrozona – regiones de BíoBío, La Araucanía y Los Ríos donde se concentran los ataques vinculados a la “violencia rural” – no fueron igual de buenas y sólo 28 de 71 persecutores lograron esa calificación.
Un puesto de confianza

Un hecho específico marcó la designación de Chiffelle como persecutor preferente en causas mapuches.

La madrugada del 31 de diciembre de 2013 se registró la quema de un helicóptero que prestaba servicios a la Forestal Mininco, en la ruta que une Angol con Renaico. Según el propietario, se trataba de una instalación nueva con una cabina acondicionada para los brigadistas contra incendios forestales. El gobernador de Malleco, entonces Erich BaumannFrindt – hijo de una empresaria de la zona y ex piloto de combate de la Fuerza Aérea- vinculó los hechos a manifestaciones por la conmemoración de los seis años del asesinato de Matías Catrileo por parte el cabo Walter Ramírez, que se cumpliría ese 3 de enero de 2014. El llamado de las autoridades regionales fue a tomar otra clase de medidas tendientes a agilizar las investigaciones, porque pese al refuerzo policial los hechos nuevamente se repetían.

Lo anterior desencadenó en una reunión entre el entonces fiscal nacional Sabas Chahuán y el ministro del Interior de Sebastián Piñera, Andrés Chadwick, quien asumió nuevamente el cargo el mes pasado. Su decisión fue designar a Chiffelle con dedicación exclusiva para indagar estos hechos y avanzar en nuevas líneas de investigación. Y aunque el caso se cursó por el delito de incendio, Chahuán no descartaba invocar la Ley Antiterrorista. 

De todas maneras, la máxima autoridad del Ministerio Público no dejó atrás sus críticas al respecto: “El sistema procesal penal exige un alto estándar de prueba y en La Araucanía hemos tenido algunas dificultades con los medios de prueba por rendir en los juicios. Pero, en general, nosotros bailamos con la música procesal que nos pone los tribunales. Necesitamos más recursos para investigar”, acotó.

Pero un año antes Chadwick ya había planteado a la Fiscalía designar este cargo aunque hasta ahí Chahuán lo había descartado. El militante de la UDI advertía que era una propuesta de La Moneda pero que el Ministerio Público aún no lo creía necesario y que no debía ser motivo de polémica.

A fin de cuentas, la Fiscalía Nacional optó por crear esta figura y así fue como el fiscal Chiffelle tomó un puesto de suma confianza a petición del Gobierno, lo que también coincidía con su participación de las indagatorias del caso Luchsinger- Mackay. En esa etapa la investigación estaba enfocada en la supuesta participación del machi Celestino Córdova, el único condenado hasta ahora en el caso y quien estuvo en huelga de hambre por más de tres meses en la cárcel de Temuco.

Las tierras de Victoria


La cuna del fiscal es Victoria y sus raíces son suizas. En esta ciudad, ubicada en la provincia de Malleco, se registró la llegada de suizos desde la mitad del siglo XIX, pero su presencia se consolidó a partir de 1883 en la zona de “La Frontera”, entre el río BíoBío y el río Malleco. En el libro “Nuestras Raíces Suizas” de Patricia Schifferli Coloma se recogen datos del Ministerio de Relaciones Exteriores y Colonización – encargado del traspaso de predios a los colonos después de la violenta apropiación de tierras indígenas – que contabilizaba mil trescientos once suizos en ese territorio, en 1884. En esta oleada colonizadora llegó la familia Schiffel. (Sobre el apellido la autora señaló que en Chile hubo un error de transcripción pero que la manera correcta es Chiffelle).

Para nadie es secreto que el fiscal proviene de una familia de latifundistas. En pueblo chico todos saben quién es quién, y así lo comentaron naturalmente algunas personas consultadas sobre el origen de esta familiaen esa ciudad.

Hay un primer dato. En la Carta General de Colonización, conocida como plano Boloña, disponible en el Archivo General de Asuntos Indígenas de la Conadi de Temuco, se registra un predio de 60 hectáreas desde 1907 ligado a los Schiffel. Desde ese año hay movimientos con esas tierras -ventas, hipotecas, adquisiciones de fundos colindantes- y aparecen los nombres de Edmundo Chiffelle, Gabriel Chiffelle, Hernando Chiffelle y Alberto Chiffelle J..

Para hacer un paralelo a los Luchsinger, estas tierras se ubicaban relativamente lejos – a más de 100 kilómetros- del terreno de estos colonos que llegaron en 1883 a la zona de Quechereguas, en la provincia de Cautín, y que poseían una hijuela de 60 hectáreas que les otorgó el fisco. Bajo la misma lógica de compraventa que los Chiffelle y que la mayoría de los colonos,fueron aumentando su patrimonio. Años más tarde esta familia se trasladaría a Vilcún, a 20 kilómetros de Temuco, donde se registró en 2013 la quema de la granja Lumahue donde vivía Werner y Vivian Luchsinger.

El segundo dato involucra directamente al fiscal. Según el Conservador de Bienes Raíces (CBR) de Victoria, Alberto Enrique Chiffelle Márquez tuvo tierras a su nombre desde 1983 hasta 2007. Se trataba de una sucesión o herencia familiar que fue traspasada por Alberto Chiffelle J., de un lote de 49 hectáreas de la subdivisión del fundo “El Nogal”, ubicado en esa comuna. Figura en el registro que Chiffelle vendió el predio a un particular, Juan Arturo Jaramillo Peña, en 58 millones de pesos. Consultado por esto, Jaramillo afirmó haberle comprado el terreno al fiscal y que lo había vendido tiempo después, tal como aparece en el Servicio de Impuestos Internos (SII), a Raúl Zúñiga Mardones quien lo adquirió con fines agrícolas.



A esto se suman los antecedentes disponibles en la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi), el Ministerio de Agricultura y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que registran seis lotes de entre 45 y 50 hectáreas, vinculadas a la propiedad familiar de los Chiffelle, antes de las transferencias totales o parciales que se registran actualmente en el Conservador. Es decir, las tierras de esta familia habrían alcanzado una extensión aproximada de 300 hectáreas en total.

Si bien Chiffelle figuraba como propietario de un lote, lo que coincidió con sus primeros años en la Fiscalía de Temuco, no hay antecedentes en la Conadi sobre procesos reivindicatorios o reclamaciones de comunidades mapuches sobre estos predios. El dirigente de una de las comunidades más cercanas llamada Manuel Chavol y José del Carmen Neculpan, Segundo Lincopán, recuerda que su padre trabajó en esos predios camino a Quino y que era un terreno muy extenso principalmente dedicado al cultivo de trigo y avena. De la familia del fiscal ahora sólo ubican a su tía, Elena Chiffelle, propietaria de un fundo con el que colindan por el norte de su comunidad y con quien, aclaran, nunca han tenido conflictos.

Un episodio respecto de las tierras y la familia del fiscal Chiffelle ocurrió en 2001, durante el proceso de reivindicaciónde la comunidad Domingo Trangol. Los dirigentes y sus abogados – entre ellos Roberto Celedón – solicitaron la inhabilidad del fiscal Chiffelle por tener parentesco con uno de los latifundistas que figuraba como propietario de las tierras que reclamaban. 

No eran tierras del fundo “El Nogal” pero también pertenecían a la comuna de Victoria. 

Se trataba de Bernardo Carlos ChiffelleHeisse que junto con la familia Lichtenberg y la Forestal Mininco estaban en conflicto con la comunidad. A raíz de esto, la fiscal regional Esmirna Vidal solicitó una investigación a cargo del entonces fiscal jefe de Lautaro, Rolando Melo Latorre, hijo de un ex fiscal militar, para evaluar si se cumplían las normas de inhabilidad. La investigación concluyó que el vínculo estaba en el orden de un sexto grado de parentesco, por lo tanto no se cumplía con el criterio que aplica al ser indagado un cónyuge o un pariente hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad, inclusive de sus abogados.


El historiador Martín Correa ha estudiado estos hechos y detalló que en julio de 2001, Chiffelle dirigió un allanamiento junto al fiscal Francisco Rojas al Consejo de Todas Las Tierras con el fin de encontrar antecedentes que pudieran vincular a esta organización mapuche con una asociación ilícita en la causa Domingo Trangol. 

En esa oportunidad se llevaron los computadores del Consejo para confirmar si desde ahí se realizaban las cartas de reclamo de la comunidad. 
Otro de los que estuvo presente en ese capítulo fue el ex diputado de la UDI por la región, Enrique Estay Peñaloza. 

“El diputado actuó como articulador entre ellos (latifundistas) y yo. Me pidió que le dijera a la comunidad que renunciara al reclamo de tierras. También fue una tía de Alberto Chiffelle y Julio Lichtenberg que me pidieron lo mismo”, comentó Huilcamán para este artículo.

Más allá de que el fiscal aparezca en un registro del Conservador de Bienes Raíces con tierras que estuvieron a su nombre – que luego vendió- y que al parecer no tuvieron conflicto durante los años en que paralelamente se desempeñaba como fiscal adjunto, se trata de un asunto de transparencia y del criterio que se tendría al posicionar a ciertos funcionarios públicos en estos puestos estratégicos.

Línea directa con Carabineros

Según consta en su Declaración de Interés y Patrimonio, actualizada en marzo de 2017, el fiscal Chiffelle compatibiliza sus labores del Ministerio Público con la actividad académica, dictando clases en la Universidad Mayor y Santo Tomás de esa ciudad. Su estado civil es casado con el régimen de separación total de bienes y su cónyuge es Marisole Armida Cid Gana.

La esposa del fiscal Chiffelle trabaja en la prefectura de Carabineros de Cautín hace más de diez años. Es asistente social de profesión y ocupa el cargo de jefa del servicio social de Temuco en esa unidad. En 2016, como lo dieron a conocer algunos medios locales en notas breves, fue denunciada por malos tratos y acoso laboral por la cabo segunda auxiliar social de la Prefectura, Alejandra Vásquez, quien ingresó a la institución en 1998. 

A esto se sumaron las declaraciones de dos sargentos y una asistente en práctica que confirmaron la situación, según consta en documentos. La trabajadora recalcó que su jefa aludía expresamente a su vínculo con el fiscal de Temuco para protegerse ante posibles denuncias. Incluso, la habría amenazado con pedir su traslado si llegaba a revelar el intolerable ambiente laboral que ella describía.

Por la entrevista que Alejandra concedió al diario El Austral de Temuco, el 6 de septiembre de 2016, dando a conocer esta situación le aplicaron una sanción disciplinaria nivel tres equivalente a 15 días de suspensión por no respetar el conducto regular de ser autorizada por el coronel Víctor Zavala, lo que podría traducirse incluso en una posible expulsión en unos años. Por lo mismo, prefirió ser cauta en entregar información respecto del proceso que lleva adelante. Mientras que desde la Prefectura confirmaron que efectivamente Alejandra tiene orden de traslado a Santiago.

La uniformada se refirió a otras situaciones que presenciaba en la Prefectura: “Varias veces vi en la oficina al fiscal Chiffelle. Cuando iba almorzaba con su esposa en el casino donde también muchas veces estaban presentes los jefes de la repartición de Carabineros de turno. Naturalmente en ese ambiente se crearon nexos con generales, coronales, la jefatura del mando que llegaba. Se hablaba de reuniones en sus casas, siempre un trato afectivo”, comentó.

En una de las declaraciones por escrito que facilitó Alejandra, se señala que en una ocasión el ex general director de Carabineros, Bruno Villalobos, concedió un discurso en la región y ella asistió en representación del Servicio. Regresó a la oficina y le comunicó a su jefa la posibilidad de elevar la denuncia por maltrato y abuso de poder y, según consta en el documento, ella le respondió en un tono burlesco: “Pero si Bruno es amigo personal mío y de mi marido, hicimos un viaje juntos, así que cualquier día él pasa a saludarme porque siempre está en contacto con nosotros”.

Desde la Fiscalía de Temuco le bajaron el perfil a esta situación por tratarse de proceso administrativo de Carabineros que, además, el ex jefe de zona de La Araucanía y ahora director nacional de Orden y Seguridad, el general inspector Christian Franzani Cifuentes, cerró en diciembre pasado. Señalaron que si el caso no se hubiese presentado en esa época como “la esposa del fiscal Chiffelle”, hubiese pasado desapercibido y que probablemente habría sido un “problema entre mujeres”.

Una red de protección

El fiscal Alberto Chiffelle no camina tranquilo por las calles de Temuco. 
Durante mucho tiempo contó con un funcionario de la Policía de Investigaciones (PDI) que hacía funciones de P.P.I (Protección de Personas Importantes) acompañándolo a todos lados para resguardar su seguridad. También tuvo protección de Carabineros con un policía que estaba de punto fijo primero en su casa ubicada en la villa Claro de Luna y luego en el Barrio Inglés, el sector más acomodado de la ciudad.

Sus últimas apariciones han estado relacionadas al caso Luchsinger- Mackay, una de las investigaciones que ha marcado el escenario judicial de los últimos años. El hecho de que el tribunal de primera instancia desestimara una condena contra los once acusados en el caso sin duda que fue un revés para la estrategia de “persecución del terrorismo” que han llevado adelante los sucesivos gobiernos de turno. Los abogados defensores de los imputados insisten en que la Corte de Apelaciones de Temuco anuló la sentencia y ordenó reiniciar el juicio para contrarrestar el desequilibrio que les causó el Tribunal Oral en lo Penal (TOP) de esa ciudad, al absolver a los comuneros por falta de pruebas. Actualmente, la sentencia del tercer juicio oral se daría el próximo sábado 5 de mayo.

En enero pasado y antes de iniciarse el nuevamente el juicio, la Fiscalía solicitó nuevas medidas cautelares – arraigo nacional- para los comuneros. La “alerta” para el Ministerio Público se había encendido a propósito del viaje que había realizado la machi Francisca Linconao que algunos medios de comunicación no tardaron en calificar como una “fuga”, aunque para entonces no pesaba ninguna medida cautelar sobre la autoridad ancestral. 
Incluso, fue el propio fiscal Chiffelle, según una nota publicada por El Mercurio, que solicitó al tribunal dictar una orden de detención contra la machi. El texto agrega que en esa petición, el fiscal “advirtió un inminente peligro de fuga y aludió en ocho líneas a trascendidos de prensa informados a través del noticiero de Mega donde se decía que la acusada habría realizado el trámite de obtención de pasaporte”. La solicitud fue negada y, pese a lo que insinuaba la Fiscalía, la machi se presentó en la fecha indicada a la audiencia.

En palabras del abogado de la Defensoría Popular, Rodrigo Román, desde el pasado 26 de febrero nuevamente se percibe un ambiente de nerviosismo y de preocupación por parte de los fiscales que se han presentado en las audiencias del tercer juicio de este caso, entre ellos Chiffelle. 

El defensor de dos de los imputados en la causa insiste en que no tienen pruebas para fundar su acusación y que operaron razones extralegales para anular el juicio. 

“La Fiscalía de manera contumaz está llevando un juicio que se sostiene en razones políticas. Yo no diría que se están jugando ni el prestigio ni la seriedad de su institución porque poco les ha importado eso a estos fiscales”, aseveró.

Se solicitó a la Fiscalía de La Araucanía una entrevista con el fiscal Alberto Chiffelle para conocer su versión sobre estas opiniones y, en general, sobre el desarrollo de este caso. Sin embargo, señalaron que el autorizado para entregar declaraciones es un fiscal vocero que por ahora sería Héctor Leiva y que las declaraciones se dan en casos específicos al finalizar las audiencias del tribunal.

Hasta hace un tiempo, Chiffelle aparecía a menudo en la televisión regional, generalmente entrevistado por los casos de contingencia cuando la Fiscalía de Temuco anunciaba iniciar investigaciones. 
En este último tiempo eso ha cambiado yya no es una fuente recurrente en los medios, según comentan profesionales de la región. Y es que las redes de protección del fiscal son muchas más que los guardaespaldas que lo custodian en Temuco.

http://radio.uchile.cl/2018/04/28/las-desconocidas-redes-del-fiscal-jefe-del-caso-luchsinger-mackay/

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Así fue cómo la Fiscalía imputó a 11 inocentes la muerte de los Luchsinger Mackay

José Tralcal Coche celebra: Salió libre después de un año y 7 meses en prisión preventiva / Agencia Uno
Detenciones ilegales, torturas, amenazas, escuchas telefónicas, plantación de pruebas. Todo esto fue parte del actuar de Carabineros y la PDI a lo largo del caso Luchsinger Mackay. 
Hoy se confirmó lo que todos sabían: Las pruebas que justificaron más de un año y medio de prisión preventiva y una acusación terrorista no tenían por dónde sostenerse. Los 11 imputados salieron libres del tribunal a reencontrarse con sus familias, mientras que la Fiscalía de Temuco, la Intendencia regional y la Ley Antiterrorista suman un nuevo fracaso.

Por Francisco Parra / 25.10.2017 @frparrag

Después de tres años del brutal asesinato del matrimonio compuesto por Werner Luchsinger y Vivian Mackay en su fundo en la zona de Vilcún, se formalizó a 11 personas acusadas de haber ocasionado el incendio en la granja Lumahue aquella trágica madrugada del 4 de enero de 2013.

Los focos se fueron inmediatamente hacia ellos. Todos mapuche y la gran mayoría reconocidos dirigentes en la zona: la machi Francisca Linconao, Sergio Catrilaf, Juan Tralcal, Aurelio Catrilaf, Eliseo Catrilaf, José Córdova, Sabino Catrilaf, Luis Tralcal, Hernán Catrilaf, José Tralcal y José Peralino. Junto al ya condenado machi Celestino Córdova, ellos serían, según la Fiscalía, los culpables. Los terroristas.

Hoy, más de un año y medio después de que fueran formalizados, todo se fue a piso. En decisión unánime, los tres jueces del Tribunal Oral en lo Penal resolvieron absolver a cada uno de los 11 imputados por el juicio Luchsinger Mackay, acusando la falta de pruebas y garantías para condenarlos.

La investigación conducida por el fiscal de Alta Complejidad de La Araucanía, Luis Arroyo, y el fiscal jefe de Temuco, Alberto Chiffelle, no fue capaz de demostrar en juicio la culpabilidad de los 11 imputados. Todos, algunos con más de año y medio en prisión preventiva, salieron hoy de los tribunales de Temuco como personas libres.

En El Desconcierto te presentamos, al detalle, los pormenores de una investigación marcada por irregularidades y contradicciones que culminó en un nuevo fracaso para la Fiscalía de La Araucanía y para la Ley Antiterrorista.



Alberto Chiffelle y Luis Arroyo, los fiscales que investigan el caso Luchsinger Mackay

Villegas, Vilches, Leiro

Raimundo Villegas, Guillermo Vilches y Claudio Leiro son tres nombres claves en esta historia. Los más importantes de todos. Se trata de tres miembros de la Brigada de Investigaciones Policiales Especiales (BIPE), el equipo de excelencia de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI) para casos importantes.

Los tres fueron el principal sustento del Ministerio Público para acusar a la machi Linconao y a los otros 10 comuneros mapuche del crimen contra los Luchsinger Mackay. Sin embargo, terminaría siendo su propio actuar -y sus declaraciones en el juicio oral- lo que llevarían al derrumbe del caso.

- [Lee también en El Desconcierto: Los rastros de la PDI en el caso Luchsinger Mackay]

El 8 de noviembre del 2013 José Manuel Peralino Huinca, un joven de 28 años, fue citado a declarar ante los policías Villegas y Leiro. Mientras investigaban el asesinato del cabo Albornoz, interceptaron una llamada telefónica que, supuestamente, hablaba de un atentado contra una antena en el cerro Rahue por orden de la machi Francisca Linconao, a quien las policías tenían el ojo puesto pues creían que algo había tenido que ver con el crimen de los Luchsinger.

En la conversación, de la cual no hay registro alguno salvo el testimonio de los PDI, José Manuel Peralino habría dicho que tenía antecedentes que aportar respecto del caso Luchsinger Mackay. En presencia también del fiscal Luis Arroyo, Peralino dice que la machi Francisca lo invitó a una reunión el día 3 de enero de 2013. Que a ese encuentro llegaron, según el relato de los policías de lo que dijo Peralino, “un tal Tralcal apodado el ‘alcalde’”, Sergio Tralcal, cuatro personas de apellido Catrilaf, Aurelio, Sabino, Sergio y Hernán, un tal “Pato Quidel”, un tal “Piteo, que vive cerca los Catrilaf”, un “Luis Quidel”, Segundo Tralcal, “un machi de nombre Celestino”, “un sujeto de apellido Córdova que había estado preso por armas y después dejado en libertad” y otro sujeto de pelo largo y barba.

Peralino habría dicho que en esa reunión se habló de “quemar la casa del gringo”, en referencia a Werner Luchsinger. Que Sergio Tralcal llevó tres bidones blancos de 20 litros para quemar el fundo y que la mayoría portaba armas. Peralino dice que se fue del lugar y que no supo más. Después se habría enterado del ataque a la granja Lumahue.

Según consta las declaraciones de Villegas -entonces jefe de la BIPE Temuco y a cargo de la investigación- y del subcomisario Leiro en la carpeta investigativa y en el propio juicio oral, sus equipos pasaron a investigar los antecedentes entregados por Peralino y a descartar otras líneas posibles. Dijeron que el relato coincidía con lo encontrado en el sitio del suceso y que recibieron la orden de hacer más averiguaciones.



BIPE, la policía de “excelencia” de Temuco

Ambos le prometieron a Peralino el resguardo de su identidad y que estaría a salvo. Incluso le dieron sus números telefónicos personales. 

Según los PDI, “poco a poco” se fueron “ganando la confianza” del entonces testigo y el 23 de octubre del 2015, se vuelven a reunir en las dependencias de la institución. Los fiscales Arroyo y Chiffelle fueron convocados para reunirse a solas con Peralino.

Él habría insistido en su testimonio, pero agregando que sí participó del ataque.

 Dejó de ser testigo y pasó formalmente a ser imputado. De ese encuentro sí hay registro, anotado por el fiscal Chiffelle, según declararon los policías. Se asegura que llegaron al fundo de los Luchsinger en tres camionetas oscuras, que se dividieron en dos grupos, uno que atacó “con hondas y boleadoras” y armas cortas el frontis y otro que procedió a la cocina a prender fuego. Que iban con tres bidones de 20 litros para quemar la casa, que escapan por los potreros hacia el cerro Rahue, que dejaron botado al machi Celestino por estar herido y que dejaron una serie de panfletos en el lugar.

Además, se agregan ciertas informaciones respecto de la primera declaración. Ahora los atacantes no serían 16 personas, sino 30. Y que, una vez que escaparon, entregaron sus ropas al “sujeto de pelo largo y barba de Cultrunco” para que las quemara.

Los funcionarios Vilches, Villegas y Leiro de la PDI declararon en el juicio oral como “testigos de oídas” de la declaración que prestó Peralino a los fiscales Arroyo y Chiffelle y sobre la cual se forjó la investigación.

El 30 de marzo de 2016 fueron detenidos los 11 imputados, incluido el propio Peralino. Según la Fiscalía en su alegato de apertura en el juicio, comprobaron “científicamente” que los hechos ocurrieron tal como Vilches, Leiro y Villegas describieron que Peralino dijo.
La tercera declaración

Hoy se sabe que tras hablar con Chiffelle, Peralino se acercó a la casa de Francisca Linconao, a quien conocía de chico. La machi es una autoridad en la zona, no solo por sus conocimientos ancestrales de la medicina mapuche, sino que también por su historia: fue la primera mujer indígena que convocó el convenio 169 de la OIT y ganó un juicio para proteger un cerro con plantas medicinales contra el empresario Emilio Taladriz. Ella misma diría después que este hecho es la razón por la que se le asoció al juicio por la muerte de los Luchsinger, a los que también conocía y era cercana.

[Lee también en El Desconcierto: Emilio Taladriz, el empresario al que la machi Linconao apunta como motivo de su implicación en el caso Luchsinger Mackay]

Peralino le confesó todo a la machi Linconao: Los funcionarios Guillermo Vilches y Claudio Leiro lo amenazaron, lo torturaron, lo persiguieron, lo obligaron a culparla a ella y a los otros 10.

La machi tenía claro qué hacer. 
Lo llevó al Instituto Nacional de Derechos Humanos y a la Defensoría Penal Mapuche. El INDH se querelló contra Vilches y Leiro por apremios ilegítimos y la DPM tomó su caso.

Entonces se vino el vuelco. En el control de detención, el 31 de marzo de 2016, por primera vez con un abogado que lo defienda, José Manuel Peralino Huinca habló de nuevo. Dijo que Vilches y Leiro lo torturaron y lo obligaron a dar la declaración a Chiffelle. La Fiscalia, inmutada, continuó hasta hoy, el último día del juicio, afirmando la legitimidad del testimonio de Peralino.

Durante el transcurso de toda la investigación y del juicio oral, la misma Fiscalía de La Araucanía -que acusaba a once personas de terrorismo y pedía cadena perpetua contra ellos- estuvo a cargo de la investigación por apremios ilegítimos contra el principal testigo de dicha causa. El caso de Peralino contra Vilches y Leiro sigue abierto.

Pasaron huelgas de hambres, campañas mediáticas y un año y medio con personas privadas de libertad para que se iniciara el juicio oral, el 21 de agosto de este año.

Las principales pruebas del Ministerio Público fueron un informe de geolocalización que -supuestamente- comprobaba la presencia de los imputados en la casa de la machi Linconao el día 3 de enero, reconocimiento fotográfico, huellas y evidencias balísticas en el sitio del suceso.

Pero a medida que fue avanzando el juicio, la cara de Arroyo, Chiffelle y la Intendencia, que siempre apoyó el actuar de la Fiscalía de La Araucanía, fue cambiando. Una a una, sus pruebas se fueron cayendo.

El juicio consistió básicamente en un intento por avalar los relatos que Vilches, Leiro y Villegas decían de lo que dijo Peralino, pues el imputado se acogió a su derecho a guardar silencio.

Francisca Linconao Huircapán



Machi Francisca Linconao sale libre del Tribunal de Temuco / Agencia Uno

Todo comenzó, según la versión de la Fiscalía, en la casa de la machi el 3 de enero de 2013 a las 20 horas, cuando ella habría convocado a 30 personas a planificar el ataque. El Ministerio Público dijo tener la convicción, a través del registro de llamadas telefónicas y geolocalización de celulares, que esa reunión sí se produjo.

Lo cierto es que en el juicio se demostró que la última llamada que hizo la machi ese día fue a las 19:33 a un sobrino suyo. Una inconsistencia con la declaración de Peralino, que decía que el hombre de pelo largo y barba -nunca identificado- fue el último en llegar tras un llamado de Linconao pasadas las 20 horas. No se presentó otra prueba respecto a la reunión ni tampoco se le tomó declaración al sobrino.

Los atacantes habrían salido en una caravana de 30 personas repartidas en tres camionetas oscuras, desde la casa de la machi hasta la granja Lumahue. En total, habrían recorrido 16 kilómetros. La madrugada del ataque, la zona era custodiada por patrullas de carabineros desplegadas en distintos puntos a lo largo de la General López, en los fundos Palermo Chico, Granja Grande y Traipo. Según el relato, habrían pasado cerca de estos tres puntos antes de llegar a la granja Lumahue. Nadie los vio.

Vecinos y cuidadores de los grandes predios declararon a Carabineros haber visto una camioneta blanca marca Chevrolet, antigua, de una cabina y a cuatro encapuchados salir de ella. En el fundo de los Luchsinger no habían evidencias de las camionetas oscuras. Jorge Andrés Luchsinger, hijo del matrimonio y primero en llegar al sitio del suceso, tampoco las divisó. No se presentaron más pruebas respecto a las camionetas.

El 4 de enero, durante la tarde, la casa de la machi Francisca Linconao fue allanada por Carabineros. En ese entonces era Reinaldo Villegas, el mismo oficial de la BIPE que tomó la declaración a Peralino, quien comandaba la investigación. El allanamiento se produjo porque, según explicó, las huellas de huida de los atacantes llegaban hasta la casa, ubicada en la comunidad Pedro Linconao I.

El propio Villegas, en el interrogatorio que le hicieron los abogados de la machi, reconoció que en realidad la última huella encontrada por Carabineros fue en el cerro Rahue, a un kilómetro de la casa de Francisca Linconao en línea recta. Una persona, identificada como Saul Linconao, prestó declaración a la policía la noche del ataque, asegurando que escuchó a personas desplazarse desde el cerro Rahue hacia Rañinco y Santa Margarita. Otra persona, una mujer de apellido Cayuman, dijo ver tres hombres correr hacia el fundo Santa Margarita. La casa de la machi está en sentido contrario.

Vilches también llegó al lugar la madrugada del 4. Puesto a prueba en el contrainterrogatorio de los abogados, declaró que no había ninguna evidencia entre la última huella encontrada en el cerro Rahue y la casa de la machi.

Una de las situaciones más polémicas del juicio se vivió cuando se analizó el allanamiento a la casa de Linconao. Ese día llegó una caravana completa de Carabineros. En el lugar estaban Francisca Linconao, su hermana Juana Linconao y una sobrina. El terreno se divide en varias casas juntas unas a otras, un gran espacio y una ruca.

La defensa de la machi presentó como prueba un video de los propios carabineros registrando el lugar, ante los reclamos de la dueña de la propiedad. En un momento, según se mostró en el juicio, se ve a dos personas de civil. El primero, de polera verde y con una mochila, ingresa a la ruca. El segundo, de polera celeste, se para en la puerta. Se ve a Juana Linconao intentar ingresar, pero al policía imponiéndose en su lugar.

Entonces es que se escucha una orden: “Que no entre, soldado”.

No se ve más a los dos policías de civil. Después, un mayor de apellido Ramírez ingresa a la ruca y encuentra una mochila con un pasamontaña, panfletos y una escopeta hechiza. La machi fue detenida en ese mismo momento, acusada de tenencia ilegal de armas. Fue sobreseída a los pocos meses.

El pasamontaña y los panfletos fueron ingresados como prueba en el juicio.

 Estos últimos, impresos, contrastaban con los que se encontraron en el fundo de los Luchsinger, que estaban escritos a mano. Aún así, los fiscales aseguraron que eran “ideológicamente similares”. 

Villegas reconoció en el juicio que los panfletos encontrados en granja Lumahue fueron analizados en busca de huellas. Las que encontraron no calzaban con ninguna de las personas que eran parte de la investigación.

José Manuel Peralino Huinca



José Manuel Peralino Huinca. Dos oficiales de la PDI lo obligaron a culparse a él y a los otros 10 de la muerte de los Luchsinger

“Sin Peralino, no hay juicio”, insistieron una y otra vez los abogados defensores.

 Otros precisaron: “Sin Villegas, Vilches y Leiro, no hay juicio”.

En sus alegatos de apertura y clausura, cada uno de los 11 defensores se refirió a las polémicas tres declaraciones de Peralino Huinca: la de noviembre de 2013 donde habría reconocido participar en la reunión en casa de la machi, pero no en el incendio; la de octubre de 2015 donde habría reconocido participación en ambos eventos; y la de marzo de 2016, donde se retractó de las dos anteriores. Esto, según los abogados, representa de por sí la causal de duda razonable.

En el juicio también se apuntó contra las irregularidades de las primeras dos. No hubo registro audiovisual ni un derecho a tener un abogado defensor. En la primera, además, pese a confesar estar presuntamente asociado a un delito terrorista, no se le leyeron sus derechos. Hoy, en el veredicto, el juez Rau acreditó la infracción de garantías en esa detención.

Además se apeló a la memoria histórica de La Araucanía. 

El mismo tribunal oral en lo penal de Temuco, en 2009, declaró que no bastaba con el testimonio de un co-imputado para justificar una condena. Fue en el fallo por la quema de un Tur-Bus, donde se absolvió a los implicados (todos mapuche) salvo a uno: Raúl Castro Antipán, quien se demostró que era un infiltrado de la unidad de inteligencia de Carabineros. Él es, hasta hoy, el único condenado por la Ley Antiterrorista en Chile.

En la acusación a los 11 imputados, Vilches y Leiro aseguraron que entre la primera y segunda declaración de Peralino, específicamente en agosto de 2015, recibieron la orden de indagar más en la arista que habría abierto el joven. Declararon que fueron “poco a poco” ganándose su confianza, para lograr el testimonio inculpatorio. Sentados en el estrado ante los jueces, dijeron que no hubo orden y que la nueva declaración se produjo porque se lo encontraron en la calle, por cinco minutos, y le pidieron que vuelva a declarar.

Irónicamente, el abogado Humberto Serri, defensor de Peralino, se preguntó: “¿Qué es ‘poco a poco’ en 5 minutos? ¿Un minuto es un poco y otro minuto es otro poco?”.

En su clausura, el fiscal Arroyo aseguró que Peralino llamó a Vilches tantas veces como lo hizo el oficial, tratando de cuestionar el supuesto hostigamiento al principal testigo de la causa. En realidad, los registros telefónicos mostraron que en el transcurso de un mes después de la segunda declaración, el PDI lo llamó 43 veces, mientras que Peralino lo hizo en 7 ocasiones. Del contenido de esas llamadas no hay registro alguno.

En la querella que presentó Peralino contra Vilches y Leiro, relata que desde la primera declaración lo incitaron a construir una historia en base a una lista de nombres. Le ofrecieron plata, le mostraron una fotografía de él y su polola en la plaza y amenazaron con llevar presa a su familia si no le contaba esa historia al fiscal Chiffelle.

La Corte Suprema ordenó que se avanzara en esta causa después de haber sido sobreseída. El fiscal a cargo de la investigación es el propio Alberto Chiffelle, fiscal jefe de Temuco. En la querella, se solicita como diligencia que se le tome declaración a él mismo, como parte de la historia.

Sergio Catrilaf Marilef



Sergio Catrilaf Marilef, del Lof Muküpülly, celebra su liberación. Estuvo más de un año en prisión preventiva.

La comunidad Juan Catrilaf II, con Sergio como presidente, ha recuperado más de 800 hectáreas en los últimos años, siempre al amparo de la institucionalidad y del proceso de compra de tierras que lleva la Conadi.

En 2008 la propia Conadi le pidió a Sergio y a la comunidad que prestara su personalidad jurídica para la compra de un territorio que entonces correspondía a Jorge Luchsinger, sobre el cual la comunidad del fallecido Matías Catrileo reclamaba su derecho. 

La comunidad Juan Catrilaf II accedió y el propio Sergio, en una entrevista en The Clinic, fijó ese momento como el inicio de la persecución en su contra.

Un año después, en 2009, fue acusado de incendio de carácter terrorista por el caso Tur-Bus. Pasó, igual que en el caso Luchsinger Mackay, más de un año prisión para después terminar absuelto.

El fiscal Arroyo, en su alegato de apertura, dijo que el Ministerio Público probaría en juicio el interés de la familia Catrilaf en los terrenos de los Luchsinger, mencionando el traspaso de tierras que realizaron a través de la Conadi.

Sin embargo, un peritaje presentado en el juicio, firmado por el geógrafo Pablo Quiñones, da cuenta en base a informes de la Conadi que la compra de las 458 hectáreas del fundo Santa Margarita fueron para el Lof Lleupeko, quienes compraron en co-propiedad y fueron las beneficiadas del territorio.

La comunidad Juan Catrilaf II, en tanto, reivindica como ancestral el Lof Muküpülly, en el sur de la comuna de Padre de las Casas. 

Un mapa da cuenta de todos los títulos de merced que se ubican alrededor de la casa de los Luchsinger Mackay:



A Sergio Catrilaf Marilef se le asoció al caso Luchsinger Mackay en base al testimonio de Peralino y los panfletos encontrados en el lugar del siniestro.

Después de dar su segunda declaración a la PDI, José Manuel Peralino se sometió a un examen de reconocimiento fotográfico a cargo de un oficial de la policía de apellido Grimaldi. 
Este tipo de procedimientos está regulado por el “Protocolo interinstitucional de reconocimiento de imputados”, firmado en 2013 por el Ministerio Público, la PDI y Carabineros, que explicita las normas de cómo debe efectuarse un procedimiento de este tipo. 
Entre otras, está el mostrar todas las fotografías pese a que ya se haya reconocido a la persona que se buscaba. Cuando a Peralino le pasaron el nombre de Sergio Catrilaf Marilef, la primera fotografía era él. Entonces, el oficial PDI pasó al otro imputado.

La noche del 3 de enero y madrugada del 4 de enero de 2013, Sergio Catrilaf estaba vendiendo lechugas en la Feria Pinto, en Temuco. Se acreditaron testigos visuales y documentación audiovisual como prueba.

Luis Tralcal Quidel



Luis Tralcal Quidel ha sido imputado por terrorismo en más de 3 ocasiones. En todas ha salido absuelto

El relato de Peralino da cuenta de que Luis Sergio Tralcal Quidel llegó en una camioneta roja a la casa de la machi con tres bidones de 20 litros cada uno.

Tanto Villegas como Vilches reconocieron en juicio que en el sitio del suceso solo se encontró un bidón, de 5 litros. Ninguno de los acusantes hizo referencia a esta prueba y se quedaron con la versión de Peralino.

Una de las pruebas estelares de la Fiscalía, la geolocalización de los imputados según antenas telefónicas, también fue perdiendo credibilidad a lo largo del juicio. El perito, Iván Rubilar, llevado a estrado, terminaría reconociendo que para hacer el análisis bajó una aplicación de Google Play en su celular personal. Al instalarla, se advierte que la medición depende del tipo de teléfono que se tiene.

El informe, según reconoció Rubilar en el juicio, no corresponde a una triangulación de la localización de los imputados, sino a un análisis de distintas celdas telefónicas: “Niágara”, “Cajón”, “Hotel San Nicolás”, “Temuco Bypass”, “Estación Ferrocarriles Temuco” y “Padre Las Casas”.

Se dijo, por ejemplo, que se ubicó a la machi Francisca Linconao y a José Peralino en la misma celda -”Niágara 9A”- la noche del ataque. Se demostró que ambos, estando en sus casas, seguirían dentro de esa celda, por lo que no basta para determinar que se hubiesen reunido.

Ninguno de los Catrilaf (Sabino, Sergio, Eliseo y Aurelio), aparecen en la zona de cobertura de la granja Lumahue ni en el de la casa de la machi.

En caso de Luis Tralcal Quidel, el perito reconoció una equivocación: se le incluyó en la celda 9A, cuando en realidad el análisis lo ubicaba en la 9C.

Luis, dirigente del Lof Yeupeko Katrileo, también sufrió prisión preventiva con el caso Tur-Bus, al igual que Sergio Catrilaf. En los últimos seis años se le ha acusado de asesinar carabineros, incendiar fundos y diversos delitos. En todos, ha sido absuelto. Aunque ha pasado casi tres años acumulados en prisión preventiva, estrictamente tiene irreprochable conducta anterior, pues nunca ha sido condenado.

Con temor de que se le inculpe con la muerte de los Luchsinger, como había sufrido anteriormente, su polola decidió conservar la boleta del motel donde pasaron la noche del 3 de enero de 2013.

Un reportaje de La Tercera, publicado el 12 de enero de 2013, una semana después de la muerte del matrimonio Luchsinger, lo menciona como líder de la Coordinadora Arauco Malleco y principal sospechoso. Esto fue 10 meses antes de la primera declaración de Peralino.


Las omisiones de la investigación



Juan Tralcal Quidel sale libre de los Tribunales

Para el resto de los imputados (Aurelio Catrilaf Parra, Eliseo Catrilaf Romero, Hernán Catrilaf Llaupe, Sabino Catrilaf Quidel, José Tralcal Coche, José Córdova Tránsito y Juan Tralcal Quidel), no se presentó una prueba distinta a las ya mencionadas. A saber: relato de Villegas, Vilches y Leiro que los reconocen en la casa de la machi y en el ataque, reconocimiento fotográfico efectuado a Peralino y la supuesta geolocalización de antenas telefónicas.

Las defensas de los Catrilaf, por ejemplo, presentaron testigos que los vieron esa noche en la feria Pinto, comercializando lechugas.

Con José Córdova Tránsito, hermano del único condenado por la muerte de los Luchsinger, el machi Celestino Córdova Tránsito, se mencionó que se encontraron armas en su casa unos días después del incendio que coincidían con la evidencia hallada en la granja Lumahue. José fue investigado en una causa paralela y sobreseído. Se demostró que esas armas no tenían relación con las utilizadas en el ataque.

En su alegato de apertura, el fiscal Chiffelle dijo que, poco a poco, fueron cerrando cada una de las líneas de investigación que tuvieron en el caso Luchsinger Mackay. En el contrainterrogatorio, los policías Villegas y Vilches reconocieron que cada una de las 5 teorías posibles que manejó el Ministerio Público seguían abiertas.

Una, en particular, habla de un sujeto que le comentó a sus amigos que la noche del ataque había estado tomando con su cuñado, el machi Celestino Córdova, cuando este le pidió que le hiciera un flete cerca de las 10 de la noche a un lugar que él desconocía. Esta persona, identificada como J.P.O.A., tiene acceso a una camioneta blanca marca Chevrolet de una cabina, según identificaron los policías que le tomaron declaración.

Diversos testigos de la noche del incendio aseguran que vieron una camioneta blanca de esas características y a cuatro encapuchados bajar de ella. Además, las pericias realizadas a Celestino Córdova al momento de su detención -cerca de un kilómetro de la casa de los Luchsinger- dan cuenta de que estaba con olor a alcohol.

Después de entrevistarse con la persona que reconoció esto, dijo arrepentirse y que lo había dicho para “dárselas de bacán”. No se hicieron más diligencias en esta ni en las otras cuatro líneas investigativas que tuvo a su mano el Ministerio Público. Todas apuntarían a personas distintas a los 11 imputados.

A diferencia de la línea finalmente adoptada por la Fiscalía, la de José Peralino Huinca, en las otras se le tomaron declaraciones a los posibles involucrados y se les consultó dónde estaban la noche del 3 y madrugada del 4 de enero de 2013. De los que fueron imputados, salvo la machi y José Córdova, nunca se conoció su versión hasta que llegó el juicio oral.

viernes, 28 de octubre de 2016

Hostigamiento de fiscales y policía $hilena hacia abogados defensores de mapuche es llevado a la CIDH

Caso de hostigamiento y persecución a abogados defensores en causas Mapuche es llevado a la CIDH

Este 26 de octubre, organizaciones de Derechos Humanos de la Región de la Araucanía, entre ellos, el Observatorio Ciudadano, CID SUR, Comité ética contra la Tortura, dieron a conocer a la opinión pública el envío de una comunicación a la Relatoría de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) mediante la cual se expuso la grave situación de hostigamiento y persecución a los abogados/as: Karina Riquelme Viveros, Manuela Royo y Sebastián Saavedra Cea, Defensores de Derechos Humanos que actúan como defensores penales de personas mapuche que actualmente se encuentran imputadas de delitos contemplados en la Ley Antiterrorista.

Dicha comunicación busca que la Relatoría de Defensoras y Defensores de Derechos Humanos de la CIDH, en cumplimiento de las funciones enumeradas en el artículo 41 de la Convención Americana de Derechos Humano, se solicite información al Estado de Chile respecto a éstos graves hechos vulneratorios de derechos humanos.

Por su parte, la Corte Suprema, expresó el miércoles pasado a través de una resolución, que se debe respetar el libre ejercicio de la profesión de los abogados defensores mapuche Karina Riquelme y Sebastián Saavedra.

En el caso de la abogada Manuela Royo, está relacionada a su despido como abogada de la defensoría penal por razones políticas, en virtud a comentarios realizados hacia el Fiscal Alberto Chifelle, por prácticas y conductas racistas en el marco del denominado caso “Luchsinger – Mackay”.

Compartimos a continuación pronunciamiento del Instituto Nacional de Derechos Humanos sobre resolución de la Corte Suprema por el caso de los abogados Saavedra y Riquelme y enseguida nota informativa del espacio de memoria “Londres 38”.
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Corte Suprema insta a Ministerio Público y policías a no dificultar labor de abogados defensores de mapuche

La Corte Suprema instó al Ministerio Público a “no afectar el libre ejercicio” de los abogados de derechos humanos y a las policías a adecuar “su actuación a la ley” y “no coartar el desempeño” de los profesionales que defienden a los y las imputadas mapuche en la causa Luschinger-Mackay. La recomendación del alto tribunal está contenida en un fallo que confirmó una resolución de la Corte de Apelaciones de Temuco que desestimó una acción de amparo en favor de la abogada Karina Riquelme Viveros y Sebastian Saavedra Cea, ambos integrantes de la organización de derechos humanos CID SUR

La acción judicial, en la que se hizo parte el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), fue presentada en favor de los profesionales ya que en a lo menos cinco oportunidades fueron objeto de vigilancia, incluidas las capturas de imágenes por parte de personas de civil, en el contexto de comparecencias que han debido efectuar en el Tribunal de Garantía de Temuco o de la Corte de Apelaciones de la misma ciudad, por sus actividades como abogados defensores en la denominada causa Luschinger-Mackay y otras causas en las que defienden a imputados/as mapuche.

A pesar de desestimar el recurso, la Corte Suprema hace una especial declaración de advertencia en orden a que en lo sucesivo el Ministerio Público tenga “(…) especial cuidado de no afectar el libre ejercicio de la profesión de abogado de los recurrentes con motivo de las investigaciones iniciadas para indagar la existencia de eventuales hechos punibles”, y llama a las policías a que se ajuste “(…) su actuación a la ley y a las instrucciones específicas entregadas por la autoridad competente, de modo de no coartar el desempeño de los amparados, lo que en la especie no se ha cumplido, toda vez que no se ha discutido la presencia de personal de la Policía de Investigaciones y Carabineros de Chile en los espacios en que se desenvuelven los abogados, generando perturbación en su normal desempeño” .

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Acoso policial contra abogados defensores de procesados mapuche

Dos abogados del Centro de Investigación y Defensa Sur (CIDS) de Temuco han sido objeto de seguimientos, control fotográfico y vigilancia sin que exista fundamento legal para ello. Se trata de los abogados Sebastián Saavedra Cea y Karina Riquelme Viveros quienes han sido víctimas de estas acciones mientras realizaban distintas acciones de defensa en el marco de la Aplicación de la Ley Antiterrorista, en el caso Luchsinger-Mackay.

A pesar de la existencia de numerosas pruebas y testigos que confirman el seguimiento por parte de dos vehículos de la Dirección de Logística de Carabineros y de la Policía de Investigaciones, el recurso de amparo presentado en favor de los defensores fue rechazado por la Corte de Apelaciones de Temuco. En lugar de acoger los antecedentes aportados, la Corte dio fe a las afirmaciones de ambas policías, quienes, reconociendo la existencia de dos investigaciones en contra de los abogados caen en contradicción al negar la realización de seguimientos y fotografías.

Por su parte, el Ministerio Público de la Araucanía confirmó la existencia de las investigaciones señaladas y las respectivas ordenes de investigar a los abogados, fundamentadas en el testimonio de una persona, cuya identidad se mantiene en reserva, quien habría manifestado a funcionarios de la PDI que la abogada Karina Riquelme habría afirmado que “se encontraba recabando antecedentes para perjudicar al Fiscal Jefe de Temuco Alberto Chiffelle”. La acusación no solo resulta inverosímil sino que, además, no es un hecho constitutivo de delito respecto del cual se pueda ejercer acción penal pública.

El CIDS emitió una declaración en la que señalan que “la protección del debido proceso y la presunción de inocencia no puede ser coartado mediante persecuciones indebidas a quienes la protegen a través de su profesión, sin realizar mayores actos que ejercer la defensa en los términos señalados en la ley. El libre desarrollo del ejercicio profesional en los términos establecidos en nuestra Constitución debe amparar a los defensores de derechos humanos cuya misión está dirigida a representar a todos los sectores incluidos – por cierto – los más vulnerables, en este caso personas del Pueblo mapuche”.

Es preocupante que los triunales consideren razón suficiente para negar el amparo la simple negativa formal de los agentes que se presume están vulnerando la seguridad individual y la libertad personal de los abogados. Ello contradice la finalidad del amparo que es, justamente, asegurar la debida protección al afectado.

Ante la gravedad de la situación, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) presentó un recurso de apelación ante el rechazo al amparo. En el escrito se señala la preocupación por la criminalización de acciones propias de la labor de defensa, situación que limita y amenaza la labor de los defensores. En el texto del recurso, el INDH hace referencia a un informe de la Comisión Interamericana de Derechos humanos (CIDH) en el cual se señalan las “principales formas de criminalización de la labor de defensoras y defensores de derechos humanos:

Pronunciamientos de funcionarios públicos que acusan a defensoras y defensores de la comisión de delitos en la ausencia de decisiones judiciales.

La criminalización de los discursos de denuncia de violaciones a derechos humanos y el derecho a la protesta social pacífica.

Uso indebido de tipos penales de lucha contra el terrorismo y otras leyes relativas a la seguridad nacional en contra de defensores y defensoras.

La criminalización de las actividades de promoción y defensa de defensores y defensoras en atención a las causas que promueven.

La sujeción a procesos penales distorsionados con una duración irrazonable, y denuncias y acusaciones falsas basadas en tipos penales graves.”

En relación a la persecución de defensores y defensoras de DDHH, el informe de la CIDH señala que “Tanto la Comisión como distintos organismos internacionales de protección de los derechos humanos han manifestado su preocupación por la existencia de un patrón de aplicación selectiva de la legislación antiterrorista chilena a los integrantes del pueblo indígena Mapuche, en el marco de sus procesos de movilización y protesta política y social”.

Junto con ello el INDH solicita a la Corte ordenar a Carabineros y a la PDI de la Araucanía a que instruyan los sumarios internos respectivos que permitan establecer las responsabilidades administrativas involucradas.

Este tipo de prácticas de hostigamiento a la labor de defensa penal y jurídica, así como a las legítimas movilizaciones del pueblo mapuche resultan inaceptables en un estado de derecho que se presenta como democrático, puesto que no sólo vulneran las garantías fundamentales de debido proceso, sino que buscan -mediante este tipo de prácticas- la desmovilización de actores que se han sumado a la luchas históricas del pueblo mapuche, a favor de la construcción de un país que respete y valore la autonomía de los pueblos originarios como uno de los principios democráticos de nuestra sociedad.