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sábado, 7 de septiembre de 2019

Conversación con Hector Llaitul y el libro CHEM KA RAKIDUAM de la Coordinadora Arauko Malleko, CAM

Portada libro Chem ka Rakiduam

Conversación con Hector Llaitul y el libro CHEM KA RAKIDUAM de la CAM


•Publicado el 6 sept. 2019
Abya Yala Internacional

El vocero del organismo mapuche Coordinadora Arauko Malleko, CAM, Hector Llaitul, nos relata aspectos del último libro compartido, CHEM KA RAKIDUAM/Pensamiento y Acción de la CAM que se está presentando en distintos territorios, comunidades, ciudades, pueblos en estos días en el territorio ancestral de la nación mapuche y en $hile. 

Nos adentra en el pensamiento, las motivaciones, objetivos de un organismo mapuche autónomo cuya perspectiva es la autonomía y librederminación de una nación antigua del continente Abya Yala que no ha olvidado, no se ha colonizado lo suficiente para olvidar su libertad antigua, milenaria, que incluyen distintos tipos de formas de vida, el Itrofilmongen, mal llamada Biodiversidad, un termino pobre para su verdadero contenido. 

Una voz más que representa la legítima defensa de la naturaleza ante la enfermedad de la codicia occidental, no de tod@s, pero que se apoya en el si$tema capitali$ta, compradora de supermercados, compradora de "productos", desechadora de lo que no tiene la mas mínima idea de como nace, como se desarrolla, como se siembra, como se cosecha, como llega a la botica llamada supermercado. 

Buena charla.... Challtu/gracias
VIDEO: https://youtu.be/a8F4Mxo_V80






jueves, 25 de julio de 2019

Héctor Llaitul de la CAM: Si nos definimos como mapuche autonomistas y anticapitalistas, necesariamente hay una opción por el antiimperialismo


ENTREVISTAS, PUEBLO MAPUCHE

Héctor Llaitul, vocero de la CAM: «Si nos definimos como mapuches autonomistas y anticapitalistas, necesariamente hay una opción por el antiimperialismo»

-Nicolás Romero -23 julio, 2019
#DeFrente

Estuvimos conversando con Héctor Llaitul, emblemático líder mapuche vinculado a los sectores autonomistas del movimiento mapuche, quien se dio el tiempo para hablar sobre violencia política en Wallmapu y sobre CHEM KA RAKIDUAM el libro donde la CAM sistematiza sus experiencias políticas a dos décadas de su nacimiento. Nos lo topamos en un acto de apoyo a la República Bolivariana de Venezuela realizado en la embajada de este país en Santiago, por lo que aprovechamos de profundizar en las posiciones de la CAM sobre el conflicto que atraviesa nuestro continente.

Chem Ka Rakiduam

-¿De qué trata el libro Chem Ka Rakiduam?

Inicialmente, la idea era hacer una compilación de una serie de artículos que hemos ido elaborando en el tiempo sobre el pensamiento y práctica de la CAM. El libro está dividido en dos partes, pensamiento y acción. Por un lado, está lo que son nuestros planteamientos teóricos o paradigmáticos, digamos, de la lucha mapuchista. Está la propuesta política nuestra; el proyecto político-estratégico de la CAM, y todos sus contenidos y alcances en distintos periodos, incluso, de lo que nos ha tocado en estas dos décadas ya de lucha. Y enseguida, hay una parte que tiene que ver con la práctica política, que es lo que nosotros hemos denominado líneas de acción de nuestra organización. Contiene relatos inéditos sobre acciones político-militares desarrolladas en estas dos décadas.

Más allá de la experiencia con el control territorial, conocidas en base a las recuperaciones de tierras y de las actividades productivas mediante las que nos vamos reapropiando de los espacios para reincorporarnos al mundo mapuche; el libro contiene testimonios sobre la lucha contra las faenas forestales, es en definitiva el combate en el territorio contra el extractivismo. Y en ese contexto nos hacemos cargo de la violencia política. Ejercemos, ciertamente, acciones directas; principalmente, acciones contra el capital y contra el empresariado comprometido en zona de conflicto. Hay entonces, una serie de relatos que están precisamente, contados por sus propios protagonistas, que son Weichafe o guerreros mapuche. Nunca antes se había relatado este tipo de experiencias al menos desde el Movimiento Mapuche Autonomista.




-En el libro “Weichan, conversaciones con un Weichafe”, se relata el carácter espontáneo de la quema de camiones que dio origen al levantamiento de Lumaco en 1997 y que surge en parte como reacción al carácter racista de las fuerzas de ocupación forestales. ¿Qué continuidad existe entre dichos relatos y los contenidos en Chem Kam Rakiduam?

Weichan, es un concepto que podría asemejarse al concepto de guerra. Pero para los mapuches, entendido como concepto plural, amplio, tiene que ver con convocar, autoconvocarse para defender lo propio. En el libro que se encuentra pronto a ser lanzado queremos dar cuenta de alguna manera de los alcances que ha tenido la lucha mapuche en el último tiempo.

Porque ciertamente, cuando surge la CAM con esa acción de la quema de camiones y la lucha frontal en contra de las forestales, ahí se expresa claramente el sentido que tenían las acciones, y cómo se desarrollaban en su momento, y que tiene mucho que ver con el dolor, con la rabia, el agravio con el que cargamos los mapuche. Por el racismo, por la discriminación, por la negación, por el olvido, la pobreza, la miseria. Entonces, obviamente las acciones de Lumaco grafican así espontáneamente lo que significó para nosotros ser tratado de esa forma. Y por lo tanto, la acción surge como algo muy espontáneo, muy de adentro, muy de piel, muy del cuerpo, muy del alma.

A su vez 10 años después, muere Matías Catrileo y su muerte significó un salto cualitativo en algunos aspectos de cómo se viene desarrollando esta confrontación. Fue ahí que tomamos la decisión de ya no más entrar de forma espontánea a un predio a modo de montoneras y que teníamos que entrar a especializar a los grupos organizados, para confrontar al enemigo que también es organizado y directo. Y ahí, surgen los que se conocen hoy como los Órganos de Resistencia Territorial (ORT), que son precisamente estas instancias orgánicas, que se encargan de aplicar el método de la violencia política. Es con el asesinato de Matías Catrileo, que se toman los discursos, se toman nombres y empieza la discusión sobre en qué ámbitos se van a mover, y cuáles van a ser sus campos de acción. Bueno, y han pasado 20 años.

Y hoy día, el conflicto mapuche es una realidad, gracias a las expresiones de las ORT mapuche e inclusive más allá de la CAM como propuesta política es el pueblo mapuche en un acto de insubordinación el que se va expresando, reforzado con las acciones espectaculares de las ORT. Las ORT, han constituido un sujeto político en el Wallmapu. Y los diversos ORT, se han ido masificando, cualitativa y cuantitativamente a través de su expresión que es de resistencia, las cuales están muy arraigados en el mundo mapuche, en las comunidades, y en el pueblo mapuche en general y no solo por su efectividad operativa con los sabotajes, sino porque son eminentemente simbólicas y culturales.

-¿Cómo se aborda en el libro la figura del Weichafe y de los ORT?

Lo primero que debemos decir es que el weichan ya está instalado, y que dentro del weichan, el Weichafe ha cobrado notoriedad, porque se ha transformado en un actor político. Más allá, incluso, de otros personajes, u otros símbolos. Por lo tanto, no podemos sustraernos a esta realidad, de que el Weichafe, y la reposición del weichan, ha significado un salto cualitativo en la lucha mapuche. O sea, si hoy día los gremios, si hoy día las forestales, o el empresariado comprometido en zona de conflicto, ha solicitado una especie de tregua a la CAM y a otras organizaciones en resistencia, es por la acción de los ORT.

Es por la acción de sabotaje, que se han venido desarrollando permanentemente, y que les ha impedido tener un desarrollo respecto de su forma de industrializar el extractivismo en una zona de conflicto. Por lo tanto, hay aquí un más allá de las experiencias de control territorial, ahí hay un punto de inflexión que tiene que ver con el conflicto en sí hoy día. Y si hay, está entre comillas “obsesión” de los detentores del poder, por perseguir y desmantelar a la CAM, que de alguna manera también obliga a que negocie y trance, tiene que ver con las expresiones de resistencia que se dan en este sentido.

Lo central aquí, es que la importancia del libro radica en situar en su justo momento la situación política de Wallmapu, contextualizadas en su momento histórico. Las expresiones de lucha, hoy en día tal cual se están dando, hay acciones muy fuertes, y acciones, que implican la presencia de grupos organizados y armados mapuche, y esto no podría quedar fuera del registro histórico. Es una realidad, y hay que dar cuenta de aquello, y esto debe hacerse con responsabilidad y altura de miras. Como organización, nosotros vamos a visibilizar sus alcances y sus contenidos, más allá de su reivindicación puntual. Y también, tiene que ver con que la prensa, la historiografía, o los distintos especialistas que se hacen cargo del conflicto mapuche, no deben dejar de lado, la presencia de distintos órganos de resistencia que están hoy día operando, y que son parte de la lucha política que lleva el pueblo-nación mapuche. Por lo tanto, eso es lo que queremos representar en la propuesta, en el libro, y con la idea de generar una discusión, porque nosotros no tenemos ningún reparo ni de que avergonzarnos, dar cuenta de que el pueblo mapuche tiene todo el derecho a la rebelión, el legítimo derecho a la resistencia. El pueblo mapuche, tiene el legítimo derecho a contar con su fuerza militar. Así como fue en antaño y precisamente, lo que le permitió ser conocido en el mundo como un pueblo independiente, soberano y heredar lo que hoy día nosotros somos, un Pueblo Nación originario. Nosotros no existiríamos si no hubiesen existido los militares mapuche, nuestros, futakeche kuifi pu Weichafe, para todo lo que fue la defensa de los territorios.

-¿Qué rol la otorga la CAM a la violencia política en la actualidad?

Somos un pueblo ocupado, despojado, expoliado territorialmente y de todos sus recursos. Por lo tanto, nuestro diagnóstico es que en ese contexto seguimos viviendo bajo un sistema de opresión, con un sistema y un régimen de ocupación de tipo colonial. Por lo tanto, existe una respuesta casi natural frente a ese tipo de violencia, que es de tipo estructural y de tipo simbólica, que es discursiva, y también de tipo fáctica y militar. De hecho, en el actual escenario, a raíz del alza que ha tenido la movilización mapuche, en pos de sus derechos, principalmente históricos, de territorio, de autonomía, la respuesta del Estado ha sido de mayor violencia. Se ha definido al pueblo mapuche como un enemigo interno, a quien hay que combatir de forma político-militar.

A su vez la arremetida del capital en su forma estructural, también es violenta, toda vez que continúa con la expoliación y depredación de los territorios ancestrales. Y esto, no tiene un freno por la vía o por los mecanismos institucionalizados, o los mecanismos estatales correspondientes. Por lo tanto, la respuesta y la solución pasa por hacer frente, a través de la acción directa a este tipo de agresiones y de arremetidas. Entonces nos hacemos cargo del momento histórico y hacemos definiciones que dice relación con ejercer, no sólo en el ámbito de la reconstrucción nacional, también en el ámbito de la resistencia, acciones concretas. Son acciones que contribuyen, y son parte del proceso de acumulación de fuerza que ha definido el movimiento mapuche autonomista también. Y esto, deja muy en claro que nosotros no somos los únicos que ejercemos este accionar. O sea, no somos los únicos que nos hacemos cargo de ejercer violencia, política, para la consecución de nuestros objetivos. A la CAM se le conoce por ser parte del Movimiento de Recuperación Territorial y Política, se le conoce por ser, por estar detrás de las acciones directas, principalmente, de acciones incendiarias que tienen el carácter de sabotaje, pero también, se le está conociendo a la CAM, por ser una de las expresiones autonomistas, que está levantando una propuesta de liberación nacional mapuche, elemento central de todo nuestro quehacer y nuestra teoría como organización.

Agresión imperial y Wallmapu


-Te queríamos preguntar sobre la escalada de violencia a escala regional. Vemos, que hay un gran conflicto global entre Estados Unidos y China y sus aliados, un retroceso de Estados Unidos en Medio Oriente y un vuelco y profundización de la política imperialista hacia Latinoamérica. ¿Cómo crees tú que la situación de violencia que existe en el Wallmapu ocupado, se altera, se profundiza o se mantiene, a partir de este giro de la política norteamericana?

La situación actual del capitalismo en el mundo, creemos dice relación al menos en esta parte, con lo que se conoce como la ocupación por desposesión de los territorios. Porque una vez, ya ocupados mayoritariamente, toda la territorialidad para la explotación indiscriminada de los recursos, aún se persisten con nuevos megaproyectos. Principalmente, en lo que respecta a monocultivos, centrales hidroeléctricas, mineras, que arremeten contra comunidades y otros colectivos. Y esto, ha ido agudizando la contradicción en el último periodo. De hecho, el conflicto mapuche empieza a reflotar con la presencia de las centrales hidroeléctricas en el Alto Bío Bío. Y también hace crisis con la política extractivista de los monocultivos y la industria forestal. Hoy en día existe un estado de beligerancia entre el Estado chileno, el Estado argentino frente a la nación mapuche, que se explica porque el sistema capitalista a nivel global y a nivel local, están en una etapa de reconversión, que ha agudizado las contradicciones.

Estas políticas van en la dirección de mayor represión, criminalización, y militarización contra el movimiento mapuche, sobre todo del Movimiento Mapuche Autonomista y de aquellos, que nos definimos bajo definiciones anticapitalistas. Esta agudización de contradicciones, ciertamente lleva a un escenario de confrontación, de guerra de baja intensidad en contra del movimiento mapuche organizado, y que plantea perspectivas de transformación. Por lo tanto, el orden de los acontecimientos lo va a ir indicando la economía, a nivel global.Estos tratados, estos grandes esquemas comerciales, van condicionando a los gobiernos en el Cono Sur, para una arremetida no sólo en el Wallmapu, sino que en el conjunto de lo que es la región para la apropiación aún más intensa de los recursos que se ambicionan de parte de corporaciones trasnacionales. Esta realidad ha significado ciertamente, una derechización de un tipo de gobernanza en la región. Ahora, esto significa un desafío para los movimientos revolucionarios en general, y para el pueblo mapuche, que tiene en sus expresiones más comprometidas con las causas de transformación autonomista, revolucionaria y anticapitalista, como se plantea desde la CAM.

En este contexto prevemos un escenario de mayor confrontación, donde la militarización está instalada, y losprocesos de persecución y criminalización están en marcha. Eso, explica los mecanismos que siempre se han utilizado, y que contravienen normativas internacionales respecto a Derechos Humanos, como la aplicación de la Ley Antiterrorista, los montajes como el Caso Huracán, y otros que van graficando el compromiso del Estado, para salvaguardar los intereses de los poderosos. En este contexto, el movimiento mapuche autonomista, y principalmente, el movimiento mapuche revolucionario, hacemos esfuerzos por dotarnos de un mayor anticapitalismo en nuestras definiciones, y de cómo esto se expresa en la lucha por la autonomía. Con el libro queremos dar cuenta de aquello. O sea, exponer básicamente cuáles son nuestras posiciones en el escenario actual. En el corto y mediano plazo, para una lucha de tipo territorial y autonómica. Entonces obviamente estamos muy atentos al devenir de los esquemas a nivel de la intromisión del imperialismo norteamericano, con sus propuestas económicas en el Cono Sur. Y ciertamente, ahí hay una posición al respecto, si nos definimos como mapuches autonomistas y anticapitalistas, necesariamente hay una opción por el antiimperialismo. Y por eso, acompañamos todas esas luchas; acompañamos la lucha del pueblo venezolano que resiste frente a la intromisión, a la injerencia, y también respecto a todos los sectores que se sienten representados por luchas justas, por la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.




La CAM y el Estado


-¿Qué relación pretende la CAM construir con el Estado?

Nosotros reivindicamos el concepto de nación, que es un concepto anterior a la formación y a la creación de esta idea de Estado. El pueblo mapuche, hay que entenderlo dentro de esta concepción de pueblo-nación. Para nosotros, hoy día lo central es la reconstrucción de la nación mapuche. Y eso pasa, con el rompimiento con las estructuras de dominación. Ahora, cuando nos plantean ser parte del Estado, ciertamente desde la CAM o desde los sectores más comprometidos con la autonomía revolucionaria, no es parte de nuestra propuesta, aunque este sea definido como un Estado plurinacional. Pero hay aquí un proceso en marcha, que en su momento tendrá que ser bien definido y redefinido, respecto de los alcances de nuestra propuesta política, de cómo se va a dar la reconstrucción de nuestra nación. En el pasado la nación mapuche mantuvo un tipo de soberanía con independencia, con autonomía. Por lo tanto, lo que nosotros planteamos es la construcción o liberación nacional, si eso significa, que en algún momento planteemos la independencia de la nación mapuche, lo vamos a hacer. Pero para eso, falta todavía una correlación de fuerzas necesaria. Nosotros, no estamos planteando ser parte del Estado chileno.

Hay propuestas, que tienen que ver con la inclusión, con la integración, estas las consideramos un derrotero para la casa mapuche. Otras propuestas, que tienen que ver con un tipo de autonomía regionalista o federativa, y a su vez ser parte del Estado. Hay también un planteamiento de plurinacionalidad, pero que también es de integración y subordinación En el fondo nuestro proyecto político, es la reconstrucción de la nación mapuche. Y eso implica, todo lo que hemos ya dicho respecto de autonomía que es, independencia política, orgánica, ideológica, cultural; la construcción de un pensamiento propio, una propuesta política mapuchista. Y es por eso, que nuestra lucha principal hoy es de tipo territorial, como elemento necesario para la autonomía, y lo que hacemos es desde ya, desarrollar la autonomía en los hechos, de facto, confrontando con el Estado, confrontando con la institucionalidad opresora, y por eso también, esta idea fuerza de la acción directa como elemento central en nuestra práctica política porque esto nos va a llevar a un tipo de autonomía revolucionaria, que ciertamente va a confrontar con el poder.

La CAM y las izquierdas


-¿Cómo la CAM concibe el marco de alianzas entre los sectores mapuches autonomistas y el campo de las izquierdas anticapitalistas en Chile?

Bueno hay que conversar, hay que debatir y discutir mucho todavía, acercar posiciones. Como organización hemos participado de algunos debates que se dan en general y otros que resultan más específicos cuando se nos invitan, en los que se plantea como hacer una alianza del pueblo Nación Mapuche con las izquierdas. Ciertamente nuestra propuesta no tiene un horizonte hacia el socialismo visto desde el prisma de la izquierda clásica. Nuestra propuesta es de la reconstrucción Nacional del Pueblo Mapuche.

Aquí hay mucho que discutir al respecto por eso no es llegar y avanzar en acuerdos y definiciones solo por estar en una condición de oprimidos. Hay definiciones que tienen que ver con el anticapitalismo otras que tienen que ver con reconstrucción y las autonomías, y de las cuales podemos converger en algún sentido. Pero por ahora sostenemos que los procesos debieran tener sus propios cursos, y nosotros generando una fuerza propia mapuche. Y en algún momento la convergencia se va a dar también en un orden-estratégico porque el enemigo es común y tiene que ver con el Estado capitalista y el sistema de dominación, es la oligarquía histórica que es el pilar fundamental dentro de lo que es la dominación y es la que nos tiene en un estado de injusticia no solo al Pueblo nación mapuche, sino que también a diversos sectores de la sociedad chilena, tanto del campo popular como de los oprimidos en general.

Nosotros no tenemos una propuestas de alianzas por ahora ya que estas y sus tácticas deben basarse en una mayor comprensión respecto de lo que es la lucha emancipatoria mapuche. Todavía hay mucho camino que recorrer en ese sentido. Para la CAM no es antojadizo plantearnos la reconstrucción nacional desde la manera en como lo hacemos es decir de forma autonomista revolucionaria pero por sobre todo mapuchista que es lo más complejo en la comprensión de los no mapuche y del mundo de la izquierda. Lo mapuchista tiene que ver con esta dimensión de la causa que implica la reconstrucción de nuestro mundo y es desde un ámbito de la espiritualidad de una religiosidad propia de elementos idiosincrático y cosmovisionario que nos han pertenecido desde siempre y que al parecer le hacen contrasentido a esta mirada de tipo estructuralista que tiene la izquierda tradicional. Pero desde esta visión, en que concebimos la relación hombre-tierra, como sagrada, hacemos un llamado al entendimiento de las diversas expresiones ideológicas en torno a la defensa de la Mapu y sus recursos y a la reconstrucción de un tipo de sociedad basado en la justicia social y que por lo tanto hay que iniciar un debate necesario con la izquierda revolucionaria para lograr procesos de convergencia en la lucha de los pueblos por la autodeterminación. Esperamos que el libro Chem Ka Rakiduam ayude a profundizar esa comprensión y este debate con las izquierdas anticapitalistas.

Por ahora con el Feyentun mapuche decimos Weuwaiñ.


http://revistadefrente.cl/hector-llaitul-vocero-de-la-cam-si-nos-definimos-como-mapuches-autonomistas-y-anticapitalistas-necesariamente-hay-una-opcion-por-el-antiimperialismo/?fbclid=IwAR2yEcbv2c-5EHLxUNejiHl8teJPArjrPpA7f7ZOaLVTdrEtrp9ms_4gP0Y


domingo, 13 de enero de 2019

21° Años de la Coordinadora Arauco Malleco: Apuntes para una historia de la CAM desde la CAM


Coordinadora Arauco Malleco: Hacia la liberación del pueblo nación Mapuche

prensaopal en 28 diciembre, 2018

“El capitalismo destructivo se expresa de manera fascista, derechizada, extractivista y donde las forestales tienen carta blanca para hacer y deshacer, junto con las mineras, las hidroeléctricas y el consumo del agua y los territorios para sus explotaciones y no para la vida humana. Para eso el capitalismo depredador quiere y tiene el mar, el aire, el suelo y el subsuelo. Ello se nos aparece como el convencimiento de lo nefasto que resulta el capitalismo para todos los pueblos del mundo. Y para el pueblo mapuche en especial. Si nosotros observamos que están matando a nuestros hermanos, a los ríos, las montañas, con mayor razón vamos a defenderlos. Esto atenta contra el propio ser mapuche. Sin cerros, sin agua, sin territorio, no somos nada. De la radicalidad del capital proviene nuestra lucha revolucionaria. Es el camino único para nuestra sobrevivencia como pueblo mapuche en la historia de la humanidad.” Héctor LLaitul. (1)

21° Años de la Coordinadora Arauco Malleco: Apuntes para una historia de la CAM desde la CAM


Indudablemente, desde la aparición de la Coordinadora Arauco Malleco se inicia un nuevo periodo en el conflicto abierto que diversos sectores del movimiento mapuche han sostenido históricamente contra el Estado nación chileno. La CAM, de este modo, marca un antes y un después en la táctica y estrategia que hasta el momento habían nutrido a las luchas reivindicativas indígenas en general. Con todo lo que esto significa, nuestra organización paulatinamente se fue transformando en una amenaza real para los intereses de las clases dominantes, las cuales no dudaron en desatar los mecanismos más violentos para detener el avance ideológico y material que nuestra organización llevaba adelante.

En este sentido, si bien nuestra historia como CAM está fuertemente marcada por sistemáticos procesos de represión, criminalización y persecución política a nuestros militantes, es también la historia de un proyecto político que ha cristalizado los pilares ideológicos del movimiento mapuche autonomista y anticapitalista. Es una historia de la resistencia, de construcción política desde abajo, de la clandestinidad y, sobre todo, una historia que expresa fielmente la dignidad de un pueblo que resiste los embates más duros del sistema capitalista y colonial.

Así, bajo ningún motivo la CAM es una organización que se genere de algún impulso espontáneo por un puñado de comuneros que buscaban recuperar cierta cantidad de tierras. Por el contrario, fue un trabajo de años que nos llevó a constituir una estructura política capaz de recoger el legado histórico de lucha de nuestro pueblo nación y dotar, sobre este, un proyecto anticapitalista y anticolonial que enfrentara condiciones actualizadas del sistema de dominación con el fin de lograr la reconstitución territorial y la liberación nacional.

De este modo, si bien el germen de lo que posteriormente sería conocida como la Coordinadora Arauco Malleco se encuentra en la historia de resistencia que diversas comunidades impulsaron en contra del despojo de la vida misma intrínseco al capital. También fue necesario para nosotros marginar de nuestro quehacer político aquellas tendencias mapuche que confiaron en la institucionalidad estatal y en las distintas instancias promovidas por los aparatos burgueses para “dar solución” a un conflicto que, por su carácter, es imposible resolverlo por aquella vía.

Expresiones de tal confianza institucional las vimos reflejadas también en organizaciones como Ad – Mapu o el Consejo de Todas las Tierras que en sus declaraciones pasaron de autonomistas, los que desde los años 80s y durante los 90s mantuvieron vínculos estrechos con diversos partidos políticos winka y que, a través de las denominadas “ocupaciones simbólicas” de tierras como en el caso del Consejo de Todas las Tierras, promovieron la generación de presiones efímeras con el fin de resolver los conflictos por la vía institucional sin desestabilizar los intereses del Estado y el capital. Podríamos decir que tales dinámicas se sintetizaron en una supuesta vía “institucional” de solución del conflicto mapuche. Hasta tal punto llegó este acercamiento organizativo, que muchos de sus dirigentes adoptaron acríticamente las formas del quehacer político partidario chileno, reproduciendo las lógicas corruptas que estos contienen y que impulsan de forma punitiva hacia nuestro pueblo.

En la ficticia transición de Chile hacia la “democracia” tales dinámicas encontraron un correlato fértil que los lubricó y poco a poco fue atomizando las demandas mapuche a los marcos permitidos por el Estado. Así, por ejemplo, se promulgaron acuerdos como los de Nueva Imperial en 1989 y, hacia 1993, se cristaliza la famosa Ley Indígena de la cual se suspende todo un andamiaje institucional neoliberal. Una parte importante del movimiento mapuche durante los 90 se concentró en cómo adaptarse de manera dócil a esta nueva reestructuración del Estado nacional que propuso, como renovada forma de dominio, todo un reordenamiento institucional y desarrollista para que el “pueblo mapuche” pudiera acceder supuestamente a ciertos beneficios económicos sociales. Inclusive este ordenamiento jurídico permitía adecuarse a la diplomacia indígena internacional, cuestión que generó toda una clase burocrática de mapuche que limitó su actividad política a rondar en las resoluciones de organismos europeos que en la práctica no solucionaban nada. A esta última, podríamos llamarle la “vía diplomática” de solución del conflicto mapuche.

No obstante, con el nacimiento de la CAM, la lucha por el territorio y la autonomía se vuelven una plataforma necesaria para alcanzar la Liberación Nacional Mapuche, a través del control territorial y de la participación más amplia del mundo mapuche, que este se transforme en un conflicto real y con perspectivas para la reconstrucción de la Nación Mapuche.


Asumir la violencia política como táctica particular al periodo contemporáneo de lucha por la liberación nacional se desprende de un diagnóstico y praxis que articula la CAM y no de una reacción espontánea y desesperada ante el poder, sin embargo estos planteamientos comenzaron a germinar en diversos procesos anteriores a la CAM y que son parte de la agudización de las contradicciones que desarrollamos un grupo de militantes de la causa mapuche.

Así a mediados de los 90s, estallaron acciones de recuperación de tierras emblemáticos como los impulsados por las comunidades Juana Millahual y Pascual Coña, en los cuales se hicieron presentes diversos agrupamientos como el hogar mapuche Pegun Dugun y la Coordinadora Territorial Lafkenche, los cuales sirvieron como antesala a la formación de la CAM. Estas recuperaciones, a nuestro parecer, sirvieron como entrenamiento para muchos de los pu Kona ka pu Weichafe que posteriormente pasarían a integrar la Coordinadora Arauco Malleco entendiendo, a su vez, la necesidad de una organización de distinta naturaleza y con objetivos políticos claros para atender las urgentes necesidades de lucha que se enfrentaban en ese ciclo.

De este modo, encontramos en los orígenes de la CAM a un conjunto de sujetos, organizaciones y procesos que confluyen durante la segunda mitad de los 90s en un proyecto en común. Para nosotros, uno de los hitos no reconocidos públicamente fue el retorno a las comunidades de precisos militantes activos en las más diversas luchas contra la dictadura y la falsa transición del país al neoliberalismo, ya que con su presencia se fue profundizando una postura política e ideológica clara que centralizaba a la violencia política como praxis fundamental para iniciar los procesos no tan sólo de recuperación de tierras, sino de control territorial total de diversos sectores del Wallmapu, condición imprescindible para lograr una propuesta de liberación nacional.

La violencia política como praxis; Lumaco y la primera quema de camiones.

Sin lugar a dudas, los sucesos de Lumaco – que concluyen con la quema de tres camiones el 1º de diciembre de 1997 – marcan en la historia de la CAM y en el Movimiento Autonomista Mapuche un precedente fundamental. No obstante, a diferencia de lo mucho que se ha escrito sobre esta experiencia, que la hacen parecer como una acción de carácter espontáneo, consideramos que es prudente observarla como la expresión concreta de una estrategia impulsada por la CAM para ese periodo proveniente, a su vez, de un diagnóstico específico de las condiciones como pueblo y direccionada hacia una estrategia de agudización de los enfrentamientos directos contra la inversión capitalista en la zona, principalmente todo lo referido al ámbito de la industria forestal y los estragos que causaba en las comunidades mapuche.

En otras palabras, la CAM a través de los sucesos de Lumaco define conscientemente lo que sería su praxis política. Si bien tal praxis fue madurando con el pasar de los años, singularmente esta se convirtió en un elemento distintivo de otras organizaciones mapuche existentes y predecesoras en dos sentidos específicos; por un lado, descartando de manera contundente la vía institucional y diplomática opciones políticamente poco factibles para pensar y construir el camino a liberación nacional y, por otro, posicionando la violencia política como un eje central de la táctica organizativa. Por ambas cuestiones, con los eventos de Lumaco la CAM definitivamente marcaba un carácter ideológico anticapitalista a la cuestión nacional Mapuche y, de manera sustancial, se desligaba de sectores mapuche que continuaban creyendo en los reducidos espacios que dejaba la institucionalidad estatal la que es definida de tipo colonial.

A su vez, La CAM demostraba desde la praxis que era posible para el Movimiento Mapuche Autonomista revertir una parte considerable de las consecuencias que el aparato institucional –sintetizado en la Ley Indígena – que año por año se venía enquistando en el quehacer político de las comunidades. Se daba cuenta, por tanto, que la política mapuche no se atomizaba a ese campo de poder. No obstante, particularmente desde los eventos de violencia en Lumaco las clases en el poder identificaron una amenaza seria en la CAM ya que, a diferencia de otras organizaciones, esta inauguraba e impulsaba un rotundo ascenso de diversos procesos de control territorial los que por cierto están y son desarrollados por fuera de la legitimidad convencional del Estado. Así se continuaron en una parte considerable del Wallmapu distintos procesos de lucha como en la Comunidad Pichilincoyan y Pilinmapu, las cuales se tomaron el fundo Pidenco de la forestal Arauco, recuperación emblemática para la CAM y el Movimiento Mapuche Autonomista.



Fue tal la magnitud de esta expresión de lucha, que desde aquí nuestros enemigos históricos (la oligarquía), comienzan a hablar abiertamente de terrorismo en las reivindicaciones mapuche, cuestión materializada para este periodo con el encarcelamiento de 12 militantes mapuche bajo la amenaza de la invocación de la Ley de Seguridad del Estado y la criminalización socio-mediática al naciente Movimiento Mapuche Autonomista. Frente a esto, fueron muchas las comunidades que se aglutinaron en la Coordinadora Arauco Malleco y fueron muchos los militantes que engrosaron nuestras filas, y que hoy en día son parte del movimiento mapuche en general.

La lucha Mapuche dejaba de ser una cuestión marginal en la coyuntura política, porque la resistencia en la disputa territorial cobra mucha fuerza y la acción directa toma el protagonismo. Esto, desestabilizaba el ordenamiento de poder en Chile, el cual arremetió con toda su fuerza.

Desde aquí, la clandestinidad como recurso organizativo se transformó en una necesidad urgente y nuestra organización sufrió por lo mismo algunos desprendimientos.

La Operación Paciencia como medida de contrainsurgencia frente a la CAM

Desde su nacimiento y entrando al presente siglo, la CAM poco a poco se fue convirtiendo en unas de las expresiones más claras y contundentes del Movimiento Mapuche Autonomista. Esto no fue meramente una cuestión discursiva sino, más bien, una capacidad política real de responder al abuso histórico que el Estado colonial y capitalista continuaba ejerciendo sobre el Wallmapu y que en los hechos perpetuaba el estado de opresión de nuestro pueblo.

En medio de un prominente ascenso del conjunto de acciones directas que diversas comunidades impulsaban para llevar adelante sus reivindicaciones territoriales, fue la CAM quien tuvo la altura organizativa para aglutinar a un número importante de sectores mapuche en el camino de la resistencia y la reconstrucción nacional y, a la vez, dotar a estos de un componente ideológico de carácter anticapitalista y revolucionario. En tal contexto, esta capacidad expresada en concreto en el control territorial y las acciones directas, representaban un obstáculo fundamental para la inversión capitalista y las clases terratenientes de la zona, ya que significaba una amenaza real a sus intereses, es decir, la posibilidad de perder el territorio que ellos mismos, y sus predecesores, habían usurpado para acrecentar su ganancia.


Para esto, durante el año 2002, desde los altos niveles del Ministerio del Interior y, en términos prácticos, desde las manos de José Alejandro Bernales se articuló una operación de contrainsurgencia a través de la DIPOLCAR para anular la supuesta presencia terrorista que habitaba las luchas de recuperación territorial impulsadas principalmente por la CAM. Entonces, con la vuelta de siglo, la idea de terrorismo se instalaba fuertemente desde el Estado con la finalidad de destruir cualquier amenaza a sus intereses y, supuestamente, para erradicar cualquier intimidación que afectara la “seguridad del país”. Así nace la denominada “Operación Paciencia”.

A nuestro parecer, tal operación se articuló de manera multidimensional y en términos de larga duración. Porque, la inteligencia política tenía claro que solo con una ofensiva policiaca, los avances que había obtenido la CAM como organización no podrían ser contrarrestados en su totalidad. Así que, más allá de los montajes policiales, consideramos que la estrategia de este plan era impulsar además una serie de medidas desarrollistas, sintetizadas en las iniciativas de la CONADI de tipo político-culturales, dependientes del integracionismo estatal y con efectos mediáticos, es decir, controladas por los medios de comunicación de masas, con el fin de lograr una desarticulación profunda de la CAM, a través de la seducción de las comunidades por medio de beneficios clientelares (proyectos), lo que pretende destruir el ordenamiento comunitario ancestral y con ello, la producción del sujeto “terrorista” como el nuevo enemigo interno nacional al que hay que aislar y aniquilar.

De este modo, se justificaba la constante militarización y paramilitarización – ejemplo de esto es la aparición del Comando Hernán Trizano – de las rutas que conectan las diversas comunidades del wallmapu, la proliferación de proyectos de desarrollo impulsado por el capital privado y estatal y la criminalización de los procesos de recuperación territorial. En tal escenario, nuestra respuesta debía ser contundente y avanzar desbordando los complejos modos de dominación que se nos imponían para arrinconar nuestros logros.

En noviembre del año 2002 fue asesinado por carabineros Alex Lemún en una recuperación de tierras sostenida por la comunidad de Montutui Mapu, hecho que se enmarcó en la arremetida represiva que el Estado había comenzado años atrás en contra de la CAM y, particularmente, vuelve a centralizar la idea de terrorismo para justificar la persecución política a la que fue sometida nuestra organización no tan sólo en términos de inteligencia policiaca, sino también en términos mediáticos; para esta fecha el Mercurio – periódico abiertamente de derecha – publica un listado que contenía nombres de diversos militantes de la CAM sindicados como responsables de establecer focos de violencia en sectores mapuche.

Así, las arremetidas contra las comunidades que resistieron la construcción de las represas en Ralco y Pangue a fines de los 90s y los distintos procesos de lucha mapuche de reivindicación territorial que habíamos venido dirigiendo hace años. La muerte de Lemún, nos enseñó que nuestra actividad política estaba imposibilitada de ser pública. Ya para el año 2002, y con la operación paciencia desarrollándose plenamente, todas las estructuras de la CAM entran en clandestinidad y se asume esta forma operativa como sustancial para el ejercicio pleno de nuestro proyecto político de reivindicación territorial y política para sentar las bases de la Liberación Nacional Mapuche.

Superando los obstáculos que la inteligencia colocaba para nuestro desarrollo político estratégico este no claudicó en sus modos de lucha. Las evidencias de la táctica impulsada por los sectores más radicales del movimiento mapuche, en el cual la CAM se posicionaba como estandarte ideológico y organizativo, se demostraba con números concretos; a comienzos de siglo ya se habían recuperado efectivamente 17 mil hectáreas de tierras ancestrales.

No obstante, la estrategia de criminalización conseguía una de las primeras condenas a mapuche bajo la Ley Antiterrorista; los lonkos Pascual Pichun, de la comunidad de Temulemu, y Aniceto Norin, de la comunidad de Didaico, fueron condenados cinco años y un día de prisión por amenazas terroristas a terratenientes de fundos en la IX región. Tal cuestión abrió un panorama jurídico político que nunca más ha sido cerrado por el Estado chileno, inculpando una y otra vez y particularmente a la CAM de ejercer acciones de tipo terrorista.

Sin embargo la CAM en este período hasta finales del 2007 seguía desarrollando su estrategia basada en la resistencia y la reconstrucción Nacional, pero tal vez lo más característico de esta fase, fue que nuestra organización se fue ampliando en su radio de acción política, es decir, su presencia e influencia se extendió a otros territorios, como la zona de Vilcún, Alto Bio Bio y el Butahuillimapu, situación que requirió de mayor esfuerzo de tipo orgánico y político para direccionar la lucha territorial.

La muerte de Matías Catrileo, la consolidación de los ORT como estructuras operativas y del weichafe como sujeto político Mapuche

El 03 de enero del 2008 la comunidad Lleupeco de Vilcún, en la IX región, ingresó a hacer una recuperación territorial al fundo Santa Margarita, en manos del terrateniente Jorge Luchsinger. Esta era una de las tantas acciones en las cuales participábamos como organización en conjunto con distintos integrantes de las comunidades locales que día tras día comenzaban a considerar la reconstitución territorial como una necesidad fundamental para nuestra liberación. En tal acción, y bajo tales objetivos políticos, participó nuestro destacado weichafe Matías Catrileo junto a otros militantes de la CAM.

Este fundo, que venía siendo custodiado por carabineros desde hacía un tiempo, históricamente ha sido parte del territorio ancestral que les fue usurpado a las comunidades del sector. Frente a esto, se decidió revertir tal situación a través del control territorial mapuche, cuestión que fue respondida a sangre y fuego por las fuerzas policiales protectoras de los intereses terratenientes, cayendo asesinado el peñi Matías Catrileo por una bala disparada de forma cobarde y por la espalda, por el carabinero Walter Ramírez Inostroza. Un agente del Estado, razón por la cual responsabilizamos directamente a las autoridades políticas y del Estado chileno de este asesinato político.



En la historia interna de la CAM, la muerte de Matías nuevamente motiva a la organización a repensar el carácter de ciertas estructuras operativas que habían sido tensionadas por las nuevas condiciones de seguridad, persecución y hostigamiento promovidas por el Estado y los terratenientes en el wallmapu. En términos concretos, desde el asesinato del Weichafe Catrileo, la CAM se comienza a poner en cuestión la viabilidad de seguir impulsando los procesos de resistencia y autodefensa mediante grupos muy amplios de comuneros y comuneras. Las acciones de “masas”, considerábamos, debían coordinarse de otra manera para evitar los asesinatos políticos e incrementar los niveles de protección hacia nuestra militancia.

Tales dinámicas habían generado graves problemas de seguridad ya que, pese a que siempre se realizaban con cierto grado de coordinación, exponían a un gran número de personas a escenarios riesgosos de violencia y represión. Sumado a esto, no existía la capacidad operativa ni el armamento básico suficiente para responder de manera masiva ante las reacciones armadas de los terratenientes y los grupos paramilitares activos en las áreas de conflicto. De esta manera, con la muerte de Catrileo, la CAM decidió evitar el impulso de acciones de un alto nivel operativo en las que participaran pu peñi o pu lagmen sin la preparación mental y física pertinente y sin la capacidad militar adecuada.

Evidentemente las denominadas “acciones de masas” no cesarían ya que siempre ocuparon un lugar central en la táctica de la CAM, sin embargo, fue urgente la composición de grupos operativos más específicos que llevaran a cabo acciones de distinta complejidad logística y que, a su vez, se articularan sobre una identidad territorial característica pertinente a la diversidad de expresiones culturales mapuche en donde la CAM tenía algún tipo de presencia. 

Así, nacen los Órganos de Resistencia Territorial (ORT) como los grupos operativos fundamentales en la estrategia de la CAM.

Sin duda los ORT marcaron un hito fundamental en nuestra historia como organización, ya que constituyeron la base política y militar de nuestra táctica para el nuevo periodo que se abría, que por cierto era de mayor confrontación contra el Estado y el sistema de dominación capitalista.

A nuestra consideración, nos habían asesinado otro Weichafe porque las clases en el poder sabían que nuestros avances orgánicos constituían su retroceso estructural. Es por este motivo que fue necesario reconstituir al sujeto político idóneo que participara en estas unidades orgánicas, pero esto en el marco de la resignificación que vamos viviendo los mapuche. Así, el Weichafe emergió nuevamente como aquel militante altamente preparado en términos políticos, militares, morales y culturales para realizar todo tipo de tareas de distinta complejidad que requiriera la organización. A su vez, todos los ORT cuentan con un grado de autonomía que permite, por un lado, la determinación de resoluciones en conjunto con los intereses de las comunidades y, por otro, un nivel de flexibilidad para materializar las condiciones de seguridad frente a la inteligencia policial y a la persecución política ejercida por el Estado.

Ya para este periodo la CAM ejercía su praxis política en tres tipos de acciones concretas; por un lado, continuaría en los procesos de recuperación territorial agudizando el conflicto abierto en contra del Estado y del capital. También, avanzaría en lo que denominamos “el control territorial” como una forma avanzada de ejercer soberanía multidimensional sobre el territorio y no tan sólo como un ejercicio de apropiación efímero. Es decir, comenzamos a articular iniciativas de sustento productivo (siembras), habitacional (casas- rucas) y culturales (Guillatuwe, Paliwe), dentro de las recuperaciones con el fin de romper con los hechos la propiedad privada sostenida por la apropiación capitalista. Y tercero desarrollar acciones de sabotaje a todo tipo de instalación principalmente maquinarias e instalaciones muebles e inmuebles de forestales y centrales hidroeléctricas apostadas en nuestro territorio reivindicado.

Estas acciones básicamente de tipo incendiarias pasarían a tomar un papel central en los procesos de antagonismos y disputa que hemos sostenido contra la inversión capitalista en el Wallmapu, cuestión con la cual intentamos generar un quiebre y un posterior desalojo del poder burgués sobre nuestro territorio ancestral.

Era innegable que la CAM a través de los ORT comenzó a ejercer una desestabilización considerable para las tramas de dominación en el Wallmapu. Y como lo ha hecho históricamente, el Estado respondió de manera violenta y punitiva ante nuestra expresión de lucha concreta y arremetió en contra de nuestra organización. Así, precisamente en este contexto y utilizando como excusa el denominado “atentado” contra el Fiscal Elgueta en el sector Puerto Choque – comienza una nueva ofensiva de inteligencia y criminalización contra la dirigencia de la CAM en las zonas del Wallmapu donde la organización tenía fuerte presencia. Esto más allá de las zonas de Arauco, Malleco, fueron golpeadas estructuralmente en Ercilla, Collipulli, Vilcún y algunos alrededores de Temuco sufrieron los embates de la inteligencia que, bajo la justificación de terrorismo, intentaba una vez más desarticular a la CAM.

Hacia finales del 2009 el 80% de la dirigencia de la CAM estaba en condición de prisión política en contexto de un gobierno de derecha.

El periodo del reflujo y la recomposición; la CAM hasta nuestros días.

Fueron 86 días de huelga de hambre que sostuvieron durante el 2011 nuestros weichafe Héctor Llaitul, Ramón Llanquileo, Jonathan Huillical y José Huenuche frente a la condena de más de 20 años que les otorgaron por el supuesto ataque contra el fiscal Elgueta. Tal dinámica (las huelgas de hambre) enquistaba una paradoja profundamente nociva para el movimiento mapuche; ante la imposibilidad de resistir en el territorio, el cuerpo debía ser utilizado como instrumento de lucha frente a los actos punitivos de la represión estatal y, aunque este se enfermara y deteriorara, por cuestiones de formación y convicción no era posible claudicar para un militante de la CAM, ni adentro ni afuera de la cárcel, y así fue asumido, al menos por los más destacados dirigentes.

No obstante, pese a los discursos de algunos, tal fórmula se desvaneció en la práctica. Las operaciones de inteligencia y principalmente la cárcel, surtieron cierto efecto sobre los sectores más inestables de nuestra organización, los cuales poco a poco se fueron alejando o en diversos casos nos vimos en la obligación de separarlos para preservar la línea y los principios de la organización.

Aun así, supimos leer tales condiciones y articular una respuesta táctica a este ejercicio de contrainsurgencia. De este modo, dicha experiencia nos sirvió también para evidenciar el nivel compromiso con el proyecto de la CAM y, a fin de cuentas, para saber en cuál de todas las vías se posicionaban diversos luchadores del movimiento mapuche. En otras palabras, limpiamos aguas y fuimos capaces de fortalecer los principios fundamentales que impulsamos como organización anticapitalista, anticolonial y en lucha por la liberación nacional.

Quedó establecido que la lucha mapuche no es solo estar en los procesos de reconstrucción de nuestro pueblo, sino además en la resistencia concreta y real, que es enfrentarse a los enemigos de nuestro pueblo con las acciones directas y como Weichafe.

En tal contexto asumió como vocero uno de nuestros más destacado Weichafe, el fundador y dirigente de la CAM, Héctor Llaitul, el cual, además de sostener la huelga de hambre del 2008 y 2011, desarrolló otra huelga de hambre que duró 76 días en la cárcel del manzano y que permitió a la larga su desprocesamiento. Con Llaitul preso junto a una gran parte de la dirigencia de la CAM y con bastantes militantes criminalizados y perseguidos a través de diversas causas judiciales, se inicia en la organización un proceso de repliegue y reacomodo para dar respuesta a las nuevas necesidades y condiciones del periodo. En este sentido, fue necesario para nosotros continuar con el proceso de reclutamiento de weichafe y articulación de distintos ORT por el Wallmapu.

En este sentido, a diferencia de lo que sostenía públicamente la inteligencia policial y el gobierno, el encarcelamiento de nuestros weichafe no obstaculizó el sostenimiento de nuestra organización. Así, estamos seguros de que la lógica de la represión no alcanzó, ni alcanzará, a opacar el sustento político, ideológico y cultural que sostiene el ejercicio político de nuestros pu Weichafe, los ORT y la CAM como organización, ya que esta opera sobre la lógica de neutralizar estructuras clásicas de la izquierda nacional la cual, subjetiva y políticamente, se distancia de nuestro proyecto enraizado en lo mapuche, que además de ser anticapitalista es anticolonial, cuestiones fundamentales en el camino de lucha por la liberación como Pueblo Nación.

Pese a distintos reacomodos y repliegues tácticos, en este contexto emprendimos como organización una serie de vínculos estratégicos que dieron certeros golpes a la estructura de dominación en diversos lugares del territorio Mapuche. Algunos de estos los establecimos con Resistencia Ancestral Mapuche – RAM en el Puelmapu y con el proceso de Resistencia del Pilmaiken por ejemplo. La base sustancial de estos vínculos tuvo como dinámica central el despliegue de diversos ORT en las zonas de conflicto, cuestión que fue prioridad en nuestra actividad como CAM durante los últimos años. Expresión de tal prioridad ha sido nuestra presencia en diferentes iniciativas de control territorial en sectores como el territorio pehuenche del Alto Bío Bío o en el Butahuillimapu, en donde la praxis política ha sido llevada a cabo principalmente por ORT pertenecientes a la CAM.

Con el pasar del tiempo, la Coordinadora Arauco Malleco indudablemente se ha convertido en uno de los bastiones de referencia en la lucha Mapuche y en el movimiento indígena a nivel continental y mundial. Tal cuestión no ha sido tan sólo reconocida por sectores winka proclives a nuestras reivindicaciones, sino también por nuestros enemigos directos, es decir, por fracciones empresariales y conservadoras que en más de una oportunidad nos han llamado a iniciar una tregua y un diálogo con el fin de frenar nuestra praxis rebelde en el Wallmapu. Esto, sin lugar a dudas, es una muestra de que nuestra fortaleza política y práctica es observada como una amenaza real a los intereses del capital.

Es por lo anterior que en septiembre del 2017, se desarrolla el Plan Huracán como una operación de inteligencia de gran envergadura impulsada desde el Estado Chileno con el fin de lograr la criminalización en el ámbito político judicial y la demonización de la causa mapuche en el ámbito político – mediático, la que fue dirigida principalmente en contra de destacados dirigentes de la CAM y otras expresiones de resistencia. Con el paso del tiempo este plan se desplomó y quedó al descubierto uno de los más grandes montajes desarrollados por las autoridades del gobierno de turno y la inteligencia policial al servicio del empresariado.

Pero más allá de las dinámicas policiales corruptas que subyacen en la operación Huracán, la intención también fue mediática con el objeto de instalar en el imaginario colectivo de la sociedad nacional e internacional la existencia de terrorismo en las reivindicaciones mapuche, para así instalar un escenario de guerra desde el Estado en contra de la resistencia de nuestro pueblo, así se instala e reinstala la Ley Anti Terrorista, la Ley de Inteligencia, la militarización, el comando Jungla, entre otros, es decir la represión y persecución política con la resultante de muerte y cárcel para los más destacados militantes de la causa mapuche.



En este recorrido hemos podido dar cuenta que, innegablemente, la historia de la CAM no es una historia lineal, más bien, es la historia de una organización que paso a paso, y en medio de fuerte tensiones y contradicciones, fue capaz de consolidar un proyecto político para la liberación nacional. Es la historia de una colectividad constituida desde abajo, en la resistencia, desde el territorio, en clandestinidad, desde la cárcel; de una militancia ejemplar. En definitiva, es la historia de una organización que cuando todo parecía dirigirse hacia la consolidación del Estado, marcó un antes y un después en la lucha del pueblo Nación mapuche.

Por territorio y autonomìa para el pueblo nación mapuche 
Avanzamos hacia la liberación nacional 
Amulepe taiñ weichan 
Weuwaiñ-Marrichiweu 
Comisiòn Polìtica 
Coordinadora Arauco Malleco

(1) Entrevista a Hèctor llaitul, vocero de la CAM
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http://elporteno.cl/2018/02/16/hector-llaitul-la-politica-actual-del-estado-capitalista-favorece-al-fascismo-sur-chile/
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https://prensaopal.cl/2018/12/28/coordinadora-arauco-malleco-hacia-la-liberacion-del-pueblo-nacion-mapuche/